París.— El socialista François Hollande asumió ayer como presidente de Francia en una sobria ceremonia, en la cual llamó a la unidad nacional y prometió "una nueva vía" para Europa, en momentos de profunda preocupación por el futuro económico del continente ante la creciente gravedad de su crisis de deuda. En ese contexto, el flamante mandatario se reunió ayer mismo con la canciller alemana Angela Merkel, y ambos se comprometieron a trabajar estrechamente para combatir la crisis a pesar de sus diferencias.
Una semana y media después de ganar las elecciones, Hollande, de 57 años, asumió el cargo como sucesor del conservador Nicolas Sarkozy. Es el primer socialista que llega a la presidencia de Francia en 17 años, tras el final del segundo mandato de François Mitterrand en 1995.
Hollande designó asimismo ayer al veterano político socialista Jean-Marc Ayrault como primer ministro del país, horas después de su propia investidura como jefe del Elíseo. Ayrault es un ex profesor de alemán de 62 años que lideró el Partido Socialista (PS) en el Parlamento durante 15 años y cuyas posiciones se consideran moderadas.
El presidente prefirió a Ayrault a la líder del PS, Martine Aubry —a quien se considera más orientada a la izquierda—, para liderar a su gobierno hacia las elecciones parlamentarias en junio.
Tiempo de cambio. En su discurso de investidura, Hollande destacó que su tarea será volver a "poner en pie" a una Francia agobiada por las deudas y trazar un nuevo rumbo en Europa. "Nuestras diferencias no pueden convertirse en barreras", subrayó al hacer un llamamiento a la unidad nacional. "También en lo económico es el momento del cambio. Es tiempo de poner la producción por delante de la especulación", afirmó.
Sarkozy recibió a Hollande por la mañana en el patio interior del Elíseo y luego le transmitió los códigos secretos para activar las cabezas nucleares francesas.
A continuación, el conservador abandonó la sede de la presidencia acompañado por su esposa, Carla Bruni, y fue despedido con gritos de "Merci, Nicolas" (Gracias Nicolas) por parte de sus simpatizantes. Según el periódico Le Parisien, el dirigente se irá dos semanas de vacaciones al extranjero y luego retomará su trabajo como abogado.
Poco después, el presidente del Consejo Constitucional, Jean-Louis Debré, invistió a Hollande como el vigésimo cuarto presidente de la república en una ceremonia a la que asistieron unos 300 invitados, entre ellos la nueva primera dama, Valerie Trierweiler, y numerosos dirigentes socialistas.
"Nos miran". A diferencia de lo que ocurrió con Sarkozy, ninguno de los cuatro hijos de Hollande estuvo presente en la ceremonia. El socialista se esforzó en volver a marcar una clara línea divisoria con su antecesor también en su discurso, en el que se comprometió a una "escrupulosa sobriedad".
De cara a su encuentro con Merkel, el flamante presidente reiteró su intención de proponer un "nuevo pacto" a los líderes europeos, que "combine la necesaria reducción de la deuda pública con el indispensable estímulo de la economía". "En este día, muchos pueblos, y sobre todo Europa, nos esperan y nos miran. Para salir de la crisis que la azota, Europa necesita proyectos, solidaridad y crecimiento", subrayó.
Al término de la ceremonia, Hollande recorrió los Campos Elíseos en un auto descapotado bajo la lluvia, y finalmente dejó una corona de flores en la tumba del soldado desconocido en el Arco de Triunfo.
Limando asperezas. Apenas unas horas después, el presidente galo se encontraba en Berlín, en su esperada primera reunión con Angela Merkel. Durante el encuentro los dos líderes se esforzaron por dar muestras de armonía, pero también dejaron al descubierto sus diferentes enfoques para la solución de la crisis.
La reunión entre la conservadora alemana y el socialista francés había generado grandes expectativas, ya que Merkel se había negado a recibir a Hollande durante la campaña y respaldó públicamente a Nicolas Sarkozy.
"Somos conscientes de nuestra responsabilidad para el buen desarrollo de Europa", dijo la jefa alemana de gobierno."Nos empezamos a conocer y tocamos algunos puntos que nos ocuparán los próximos días y semanas", precisó."Alemania y Francia tienen la voluntad de trabajar juntas, por el bien de ambos países y de toda Europa", la secundó Hollande.
Asimismo, ambos mandatarios urgieron por la permanencia de Grecia en la eurozona. "Queremos que Grecia permanezca en el euro y sabemos que la mayoría de los griegos también lo ve así", sostuvo Merkel, al tiempo que Hollande prometió a los griegos todo el apoyo.
Renegociar el pacto. El jefe de Estado francés también repitió su demanda de renegociar el pacto fiscal para mayor control del gasto público en Europa y dotarlo de "una dimensión de crecimiento". "El crecimiento tiene que volver a estar en el foco", insistió Hollande.
"Para la cumbre europea del 23 de mayo queremos poner todas las ideas sobre la mesa", dijo el político socialista. "Todo lo que pueda contribuir al crecimiento, al fortalecimiento de la competitividad", precisó, y en este contexto mencionó los eurobonos que rechaza de plano la canciller germana.
Por su parte, Merkel reconoció que en los 60 minutos de charla hubo coincidencias y algunas divergencias. Sin embargo, la canciller negó que "el pertenecer a distintas familias de partidos quiera decir que no podemos trabajar juntos. Estoy segura de que encontraremos buenas soluciones. Esto tiene una larga experiencia en Europa", afirmó.