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Dos atentados de atacantes suicidas dejan decenas de muertos en Damasco

El ataque más mortífero lo concretó un dinamitero suicida que se inmoló en el Palacio de Justicia de la capital siria en el sexto aniversario de la guerra.

Jueves 16 de Marzo de 2017

Dos atacantes suicidas se inmolaron ayer con explosivos en el centro y la periferia de Damasco y dejaron más de 30 muertos, en el sexto aniversario del inicio del conflicto en Siria y cinco días después de otro doble atentado en la capital del devastado país.

En el norte de Siria, además, 14 chicos figuraron entre 21 muertos en bombardeos aéreos contra la ciudad de Idleb y en la localidad de Maarat al Masriyin, en la provincia de Idleb, informó la ONG Observatorio Sirio de Derechos Humanos.

El primero y más letal de los ataques en Damasco, que según el ministro de Justicia, Najem al-Ahmad, dejó 31 muertos, se produjo en el antiguo Palacio de Justicia, en pleno centro de la capital, una ciudad bastante menos afectada por la violencia que arreció en otras partes del país en los últimos seis años.

El atentado fue cometido por un hombre con uniforme militar que esgrimió una ametralladora y una granada y desobedeció una orden de alto, comenzó a correr y detonó la carga explosiva que llevaba adherida a su cuerpo, según relató el jefe del Departamento de Policía de la capital, teniente general Mohamed Jeir Ismail.

Dijo que el inmueble, emplazado cerca del famoso mercado de Hamidiye, el bazar del centro damasceno, estaba "abarrotado de civiles inocentes" en ese momento, lo que explica el alto número de víctimas.

La televisión estatal siria y la agencia de noticias estatal Sana mostraron imágenes del interior del lugar, donde había grandes destrozos y manchas de sangre en el suelo y las paredes.

El canal estatal habló también de una segunda explosión, por otro suicida que se hizo volar, en la zona de Al Rabwah, en el noroeste de la capital, sobre el valle del Wadi Barada que recientemente fue objeto de duros combates por el control de la provisión de agua a la urbe, cerca de la ruta que une Damasco y Beirut.

Ni la TV estatal ni Sana dieron cifras de muertos y heridos en este ataque, pero dijeron que la mayoría de las víctimas eran mujeres y niños.

El ministro del Interior, general Mohammad Chaar, dijo que ese atentado tuvo por blanco a civiles que estaban en un restaurante, pero no dio más detalles.

Los atentados llegan en el sexto aniversario del inicio de las manifestaciones de 2011 contra el presidente Bashar Al Assad, que culminaron en el conflicto que desangra al país árabe, que ya dejó más de 320.000 muertos y 12 millones de refugiados y desplazados.

Además, los ataques se producen después de que el sábado pasado decenas de personas murieran en Damasco, la mayoría peregrinos procedentes de Irak, en un atentado cerca de un cementerio que alberga mausoleos de religiosos venerados por esta rama del islam en el centro histórico de la capital.

El ataque del sábado fue reivindicado por Fateh al Sham, filial siria de Al Qaeda, y los medios estatales sirios cifraron en 40 los muertos y en 120 los heridos, aunque activistas informaron de por lo menos 76 fallecidos.

Damasco había experimentado una relativa calma desde el alto el fuego que, con la mediación de Rusia y Turquía, acordaron el pasado 30 de diciembre el gobierno de Al Assad y algunas de las milicias rebeldes que componen el amplio y heterogéneo arco de combatientes.

Los ataques de ayer no sólo ensangrentaron el comienzo del séptimo año del conflicto sino que amenazan además con torpedear el proceso de diálogo abierto en las últimas semanas entre el gobierno y las principales milicias y partidos de la oposición para intentar poner fin al conflicto.

Solo un grupo rebelde, el Ejército Libre Sirio, patrocinado por Turquía, acudió a la ronda de conversaciones sobre el alto el fuego en Astaná, la capital de Kazajstán, que comenzó el martes bajo la tutela de Rusia e Irán, aliados de Damasco, por un lado, y de Turquía, que respalda a los grupos rebeldes, por otro.

El encuentro, marcado por el boicot de las facciones armadas insurgentes, terminó ayer sin alcanzar su declarada meta de lograr un acuerdo que consolide el alto el fuego que rige en el país árabe.

El apuntalamiento de la tregua es esencial para el éxito de una ronda de negociaciones de paz que auspicia la ONU en Ginebra y que tiene un objetivo más amplio de conseguir una salida pacífica al conflicto a través de una transición política, la redacción de una nueva Constitución y la celebración de elecciones.

Aunque el Ministerio de Exteriores del anfitrión Kazajistán anunció por la mañana que los líderes de algunos grupos armados tenían intención de viajar a Astaná, los tres países garantes de la tregua —Rusia, Turquía e Irán— decidieron dar por terminada la cita sin esperar su llegada.

"Hay fuerzas que no sólo quieren torpedear los procesos de Astaná y Ginebra, sino que desean impedir cualquier posibilidad de diálogo. Hay fuerzas que apuestan por la vía militar para resolver el conflicto sirio", denunció el jefe de la delegación rusa en las negociaciones, Alexandr Lavrentiev.

Bashar Jafaari, al frente de la delegación enviada por el gobierno de Damasco, acusó directamente a Turquía de "poner trabas" a las negociaciones y exigió que Ankara "responda como país garante" del alto el fuego por la ausencia de la oposición.

El conflicto en el que está sumido actualmente el país árabe muestra un balance desgarrador: entre 320.000 y 450.000 personas muertas, 1,5 millón heridos, el 50 por ciento de las infraestructuras del país hecha añicos y cinco millones de sirios obligados a huir de su país.

La oposición siria está integrada por un amplio y fragmentado arco de milicias rebeldes que incluyen desde el laico Ejército Libre Sirio (considerado "moderado" por Estados Unidos, que lo apoya y financia) hasta Fateh Al Sham, pasando por la milicia radical Estado Islámico, que está excluido de la tregua.

El encuentro de paz terminó ayer sin alcanzar su declarada meta de lograr un alto el fuego en al país árabe

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