El silencio del rey comenzaba a generar críticas en medio de la peor crisis institucional que afronta España posiblemente desde aquella que su padre ayudó a sortear hace 36 años. Por eso el anuncio de su primer mensaje a la nación fuera de cualquier acto —una medida reservada a situaciones excepcionales que su padre usó solo en cuatro ocasiones en 39 años de reinado— generó una expectativa inmensa. En una escenificación austera, flanqueado en su despacho por la bandera española y la europea, Felipe combinó las advertencias sobre la "extrema gravedad" que plantea el desafío independentista en Cataluña con pedidos de confianza: "Son momentos difíciles, pero los superaremos". No correspondía al rey anunciar medidas, pero sí enviar mensajes. Y uno de ellos tuvo forma de instrucción: "Es responsabilidad de los legítimos poderes del Estado asegurar el orden constitucional" en Cataluña.































