Jerusalén. — El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, lamentó que su país no hubiese
bombardeado las vías de acceso al campo de concentración de Auschwitz durante la Segunda Guerra
Mundial, para terminar con el horror que se estaba llevando a cabo en el lugar.
Así lo manifestó durante una visita al Yad Vashem, el nuevo museo
conmemorativo del Holocausto de Jerusalén, a su secretaria de Estado Condoleezza Rice, según reveló
más tarde el director del museo, Avner Shalev. El comentario fue motivado por fotos aéreas de
campos de concentración realizadas por pilotos estadounidenses, que Bush observó en el museo.
En 2005, el entonces presidente israelí, Moshe Katzav, dijo durante el
60 aniversario de la liberación de Auschwitz que la destrucción de las líneas férreas que conducían
al campo habría salvado numerosas vidas. Durante el recorrido de una hora por el centro, donde
figuran los nombres de 3,3 millones de judíos asesinados, Bush estuvo al borde de las lágrimas en
varias ocasiones, reveló Shalev. Además de Rice, de la visita también participaron el primer
ministro israelí, Ehud Olmert, y el presidente de Israel, Shimon Peres.
En una breve comparecencia, el mandatario estadounidense declaró luego
que el museo es un recuerdo sombrío de que “el mal sigue existiendo” y que hay que
enfrentarse a él. “Me impresionó mucho que la gente, frente al horror y al mal, no abandonara
a su Dios”, dijo tras colocar una corona en el monumento a las víctimas del Holocausto.
Bush, un reconocido cristiano devoto de fe evangelista, visitó luego
sitios sagrados del cristianismo. l





























