MI ANÉCDOTA

Un viaje de fin de curso y un buen aprendizaje

Como todos los años, séptimo grado se preparaba para su viaje de fin del ciclo primario

Sábado 18 de Noviembre de 2017

Año 1982. Escuela Nº115 Provincia de Salta. Como todos los años, séptimo grado se preparaba para su viaje de fin del ciclo primario, ir un día de visita a Buenos Aires. Ese año, en el grupo había dos alumnos mayores, tenían 15 o 16 años. No presentaban ningún problema aunque se diferenciaban de los demás por sus experiencias: estaban cerca de la barra de Rosario Central, iban a bailar. Muchas veces conversaba con ellos y me contaban sus cosas.

   Un grupo de madres me presentó la inquietud de que no querían que estos chicos viajaran. Fui breve y categórica, todos eran mis alumnos por igual, iba con todos o con ninguno. Pero me comprometí a trabajar la convivencia en el viaje. En eso estaba, cuando apareció la directora, me preguntó que hacíamos, leyó el pizarrón lleno de buenos propósitos y se fue. En el recreo me llamó y me preguntó "¿Seguro que todo eso que estaba escrito era realmente lo que los niños habían planteado?" Tuve que reconocerme a mí misma que en realidad los había "guiado", es decir, les había sugerido, a través de interrogantes, las respuestas. "No podrán cumplir lo que ellos en realidad no propusieron", me dijo.

   Volví al aula, borré el pizarrón y empecé nuevamente. Esta vez hablaron los alumnos y alumnas.

   Fue un aprendizaje para mí, mucho más que para el grupo. Como dice el psicólogo Horacio Belgich, en cuanto a que obedecer es disponerse a oír.

   ¿Por qué pude oír a la directora, Beatriz Ravier? ¿Por qué pude reconocer mi error y subsanarlo? ¿Por qué pude aprender? Simplemente porque la escuché. Y la escuché porque había entre nosotras una relación de afecto y de respeto mutuo. Sabía que sus indicaciones nacían de sus convicciones, de su experiencia y todo lo planteaba con "buena onda".

   Y de eso se trata la relación docente-alumnx

   ¿Y el viaje? Todo bien.


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