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La educación ante la lección de urgencia

Dos años sin escuelas, en un escenario de pobreza y violencia, no admite respuestas sumergidas en idearios irreales

Sábado 28 de Agosto de 2021

Hace algunos sábados, una interesante nota publicada en el suplemento Educación de La Capital a Francesco Tonucci tuvo repercusiones a nivel nacional y latinoamericano. Su lectura nos produjo una reacción inmediata y dialogando recuperamos algunas ideas que surgieron durante la pandemia. La consideración obliga a comenzar este aporte separándonos de cualquier miopía que conduzca al rechazo sordo del pensamiento y la figura del pedagogo italiano. Nuestro punto refiere a un desesperado intento por desarmar posiciones —incluidas las nuestras— que no den cuenta de la gravedad que atraviesa la educación en este momento. Es una decidida negativa a repetirnos, a simplificarnos en requerimientos mediáticos, a reinventar experiencias vendibles que tapen la desolación que asoma tras la pandemia y la violencia. Lamentablemente, y es casi una obviedad, quienes nos dedicamos a la educación, tenemos vedada la posibilidad de dar buenas noticias. Estamos casi obligados a escapar de esa manía de consultores de marketing que le obligaron a la política a nunca decir una mala noticia. La puesta en escena pública de la educación se ha sostenido en dos tópicos claros:

1) Por un lado, el tándem “educación y pandemia” y allí el golpe a la educación fue enorme. La pandemia “mandó” la escuela a la “casa” en todas sus variantes: por zoom, por cuadernillos, por mail o por ausencia. La obligó a realizar un movimiento históricamente inverso. El Estado arrancó —no sin autoritarismo— la educación de las familias y los conventos para llevarla a la escuela. Fueron 130 años de construcción de autoridad y legitimidad. Ahora, abruptamente la regresaba de forma inconsulta e improvisada a los hogares. Por ello, pensar en conseguir resultados educativos escolares en medio de una pandemia que obligó al refugio hogareño es infundado y engañoso. Los debates públicos entre padres y autoridades sobre presencialidad versus virtualidad espejan más los cambios en los modelos familiares a la hora del cuidado de la crianza que un verdadero fanatismo por el aprendizaje. Una reciente reunión de expertos convocada por la Unesco asume globalmente que la pandemia dejará aprendizajes humanos importantes, pero en ningún caso responden a conocimientos curriculares escolarmente transmitidos.

2) Por otro lado, un “revival ideológico” intentando lanzar al futuro viejas botellas con mensajes de paraísos perdidos. La pandemia obligó a pensar el mundo o al menos a decir algo sobre el porvenir ante un presente tan acuciante y desgarrador. A las algarabías iniciales anunciando cambios globales y estructurales, le siguieron pretensiones más módicas, que prontamente cedieron paso al Edén perdido. Esto es, la reivindicación del último éxito, el recuerdo en fotos sin mandato, la nostalgia de un imaginado paraíso que de tanto relato merece la sospecha de la falsedad. De derecha a izquierda todos recuperaron un pedacito de su credo cual fugaz tabla de seguridad. Se produce así una “remasterización de teorías sociales y educativas de los años 70 y 80”, que suenan muy bien pero desgraciadamente ya no dan cuenta del nuevo ecosistema social, político y cultural. Tal vez, todos nos sentimos jóvenes y rebeldes mientras escuchamos a los Rolling Stones, pero debemos admitir en nuestro fuero íntimo que nos cuesta admitir la muerte de Charlie Watts a los 80 años.

Ante estas dos discusiones venimos proponiendo la “lección de urgencia”. Dos años sin escuela, en un escenario de pobreza extendida y violencia consolidada, no admite respuestas instrumentales sumergidas en idearios irreales. Ya no tenemos tiempo ni siquiera para las utopías. La apertura escolar y la vuelta al ruedo de viejos próceres del pensamiento educativo no aportan inmunidad ante una emergencia infantil y juvenil que pareciera no tener precedentes. Hay que desarmar rápidamente las apelaciones a las nostalgias pastorales sarmientinas, las picardías nativas ante la necesidad y aún más, “las ataduras con alambre” ahora disfrazadas de publicidad. Hace algunos meses propusimos desde la Cátedra de Estudio y Análisis y Prospectivo del Paradigma de una Nueva Educación de CEI-UNR un pequeño texto convocando a un Pacto Educativo Nacional con una cartografía de cambio centrado en cinco ejes para el periodo 2020-30. La cartografía del 5 x 10.

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1) Liderazgo. El primer plano de acción es reponer la construcción de sentidos de manos de un liderazgo gravitante. Como decía la teoría del “navío ebrio”: de nada sirve saber de dónde viene el viento si no se sabe a dónde se va. La escuela siempre fue constructora de sentido para el pueblo y la Nación. Cuando se la propone como mero diseño instrumental se comete con ella un vaciamiento aún mayor que el económico. Los actores rotan en el vacío sin autoridad y la sociedad la observa críticamente como un servicio público entre otros.

2) Nuevo dispositivo educativo. ¿Cómo se educa? El segundo plano de acción refiere a la necesidad de convertir cada escuela en un nuevo dispositivo educativo que organice integralmente la coyuntura con perspectiva estratégica. Desde la alimentación hasta el aprendizaje pasando por la salud y la creatividad. El principio es que todo lo que hoy llega por necesidad permanezca por virtud, cuidado y desarrollo.

a) De los 3 a los 5 años: implantar el derecho universal al cuidado. Establecer un multiabordaje que incluya salud, alimentación, estimulación y prevención.

b) De los 5 a 12 años: implantar el derecho universal al aprendizaje escolar. Sin retirar la lógica del cuidado, se trata de sentar fuertes bases para la trazabilidad del aprendizaje. Este trayecto está centrado en la presencialidad y en el cuerpo a cuerpo docente alumno.

c) De los 12 a 15 años: organizar el derecho universal a la creatividad. Proponemos una pedagogía del tiempo o del entretenimiento; esto es: el establecimiento de una potente presencia para el inicio y el desarrollo de la formación científica y la ciudadanía digital. Por otra parte, se debe destacar que el sujeto ignorante sarmientino propio de la escuela primaria aparece en la escuela media como el adolescente aburrido y fastidiado. Late allí el mundo de las adicciones y la transgresión. Por ello, la autonomía propia de la edad implica una educación integral psicoafectiva con una fuerte presencia tutorial no sustituible por nuevas tecnologías.

d) De los 15 a 18 años: organizar el derecho universal al servicio a la comunidad. Proponemos que sosteniendo los tres objetivos de formación científica, ciudadanía digital y presencia tutorial es imprescindible aumentar la apuesta con una educación universal para el trabajo. Hablamos de oficios cortos y prácticos que más allá de la inserción laboral profundicen el “saber hacer” y fortalezcan la autoestima para aumentar las apuestas en el nivel superior.

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“La educación argentina necesita una revolución de su infraestructura”, sostienen los autores.

“La educación argentina necesita una revolución de su infraestructura”, sostienen los autores.

3) Saber sitiado. ¿Quién educa? El tercer plano de acción operativa refiere a la articulación de los actores en el territorio. En este caso, es indispensable ampliar la profesión docente con nuevas experticias y colaboraciones. Apostar a una cadena del saber sitiado en donde la producción, circulación y evaluación del conocimiento sean posibles sin esperas ni estériles discusiones megasistémicas. La urgencia de la pandemia dejó también claras evidencias sobre la necesidad de una articulación rápida y coherente del sistema educativo con otras agencias del Estado.

4) Nuevos sujetos aprendientes. ¿A quiénes se educa? El cuarto plano de acción se sustenta en los nuevos sujetos aprendientes. Ya no hay una niñez, una juventud o una familia porque existe una diversidad de destinatarios. No se trata de incluir sino de amar la realidad dada para que el vivir juntos sea un contenido práctico y cotidiano. Si no somos flexibles para diversificar el sistema educativo , corremos serios riegos que surjan oportunidades educativas alternativas por fuera y que resulten excluyentes.

5) Revolución de la infraestructura. El quinto plano de acción refiere a la demanda una revolución de la infraestructura o la aprobación de un plan nacional de infraestructura educativa. La necesidad de una inversión sostenida y legalmente comprometida para la construcción de edificios equipados que atiendan la coyuntura pero que también admitan el despliegue futuro. La infraestructura no admite parches ni revoques que oculten verdades. Una escuela no es una cárcel con pupitres y ni comedor escolar; tampoco puede ser un galpón con garrafas.

La pobreza, la violencia, la pandemia y una prolongada crisis educativa no admiten reinventar consignas viejas o debates ficticios de procedencia variada. Hay que hacerse cargo de la urgencia, la educación necesita asumir su verdad.

(*) Secretario del Área de Internacionalización de la UNR.

(**) Director de la Cátedra de Estudio y Análisis Prospectivo del Paradigma para una Nueva Educación. CEI. UNR.

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