Educación

"La docencia es pasión y compromiso social para transformar la realidad"

Sandra Bembo es directora de la Escuela Nº 432 y será distinguida como "maestra ilustre" por el Ministerio de Educación.

Sábado 07 de Septiembre de 2019

En su muro de Facebook, la profesora Sandra Bembo escribe muy ocasionalmente algunas cosas vinculadas a la política. A raíz de una de esas publicaciones, hace poco descubrió entre los comentarios a su posteo las palabras de un ex alumno. El chico —ahora ya un muchacho— le dijo algo que para la educadora es el mayor regalo que le pueden brindar: le contó que la recordaba como docente con las mismas convicciones que sostiene hoy en día. "Esa es de la forma que me gusta que me recuerden mis alumnos. Porque uno modifica las formas de enseñar, pero siento que tengo las mismas convicciones que hace 30 años cuando empecé", confiesa la educadora, quien a propuesta del Ministerio de Educación provincial, será distinguida a nivel nacional como "Maestra Ilustre 2019", junto a otros 23 educadores de todo el país. La premiación —que Sandra entiende como "un mimo al trabajo colectivo— será el próximo miércoles 11 de septiembre en el Palacio Pizzurno, en el marco de los festejos por el Día del Maestro.

Sandra Bembo es directora de la escuela secundaria Nº 432 Bernardino Rivadavia, de Rosario; y además es docente en el profesorado de historia del Instituto Olga Cossettini. Pero su carrera en el magisterio tiene ya 31 años. Se recibió en el año 87 en el mismo instituto donde hoy da clases, que en ese entonces se llamaba Instituto Nacional Superior del Profesorado.

En mayo de 1988 ya estaba trabajando como profesora de historia y formación cívica en una Eempa de Agrelo y Larrechea y en la Escuela Nº 240 Lola Mora, de Seguí al 5600. Pero aquellos primeros pasos recuerda que los dio en un contexto "difícil", donde las escuelas estaban provistas de muy poco, más allá de los libros, la tiza y el pizarrón. "No había televisores en las escuelas ni videocaseteras. Así que yo me iba con un grabador de mi casa, porque para dar el tema El encuentro de dos mundos llevaba la canción Taki Ongoy de Víctor Heredia en un cassette, para que los chicos escuchen la letra y hagan a partir de ahí un debate", cuenta Bembo. También menciona cuando recibía en su casa a grupos de alumnos de secundaria para ver Asesinato en el Senado de la Nación y La Noche de los Lápices. "Siempre fui militante de los derechos humanos, militante desde mi lugar del aula —afirma Bembo—. Y recuerdo todo lo que hicimos en la década del 90 en la Lola Mora por trabajar el tema de la memoria, en tiempos de los indultos".

Más tarde trabajó en la escuela Nº 411, en la Nº 330 y titularizó en una escuela de Funes y en una de Villada, a donde dos veces por semana viajaba unos 100 kilómetros para dar clases, cuando sus hijos eran muy chiquitos: "Tomaba el colectivo a las seis de la mañana, llegaba 7.30, daba clases y cuando me tenía que quedar para cumplir horas de integración a veces me dejaban las llaves de la escuela". Acostumbrada a dar clases para 30 o 35 chicos, en Villada le tocó se docente de cursos de menos de 15 alumnos. Su primera experiencia como vicedirectora la tuvo en la escuela Nº 258 Soldados Argentinos. A la Rivadavia (ex Liceo de Señoritas) ingresó en 2006 como vice de la directora Graciela Bitetti y desde 2011 está al frente de la institución. "Esta escuela tiene una trayectoria con respecto a la apertura y a la educación sexual. Y yo seguí esos lineamientos", apunta.

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"Me emocionan los jóvenes. Profesionalmente, la escuela es mi lugar en el mundo", dice la docente de historia, que desde 2011 está al frente de la Escuela Rivadavia.

Escuela viva

La escuela es reconocida por su compromiso con los debates sociales y de derechos humanos. Este año fue noticia cuando alumnos de quinto, junto a su profesor Carlos Cárdenas, realizaron una investigación donde rescataron la historia de María Cristina Márquez, una ex alumna víctima de la última dictadura militar. En octubre de 2017 también ganó las páginas de los diarios cuando inauguró sus baños mixtos, que la transformó en la primera escuela pública del país con sanitarios de este tipo.

Mientras fluye la charla con La Capital en la dirección de la escuela suena el teléfono, ingresan docentes con carpetas y el sonido del timbre irrumpe en la institución de Oroño al 1100. En los salones, los chicos de quinto rinden para la Prueba Aprender, mientras que en el primer piso, en un curso de cuarto año se desarrolla una obra de teatro donde, ya sea como actores o camarógrafos, todos los chicos y chicas son protagonistas.

En el hall de la planta baja conviven los afiches que recuerdan a los "mártires de Chicago", al artista plástico Ricardo Carpani y a José de San Martín. Cerca del busto de Rivadavia, una serie de carteles realizados por los alumnos de 2º E con frases contra los prejuicios y la discriminación, tales como "no todo el que nace en una villa es chorro", "mi vestimenta no define mi forma de ser" o "no soy un color, soy un ser humano". Las paredes hablan y la escuela está viva.

"Hay una inclusión o un esfuerzo de trabajo pedagógico de inclusión con calidad que también se ve en los números. Porque el chico que entra sale, porque hay un trabajo escolar de primero a quinto año transformando los espacios que hacen que ese niño, que en otro momento hubiera quedado por fuera, hoy está adentro. La escuela no es homogénea y en esa heterogeneidad apostamos a enseñar y aprender", afirma la directora sobre la institución, que hoy cuenta con siete divisiones de primer año y siete de quinto, con un ingreso promedio de 180 adolescentes.

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Este año los chicos y chicas de quinto rescataron la historia de Cristina Márquez, ex alumna víctima de la dictadura.
Este año los chicos y chicas de quinto rescataron la historia de Cristina Márquez, ex alumna víctima de la dictadura.

—¿Qué es para vos la docencia?

—Amo esta profesión. No me veo haciendo ninguna otra cosa. Siempre me movió la pasión por el intercambio con el otro, con los alumnos, para que ellos aprendan y yo también lo haga. Enseñar historia argentina y que ellos la puedan internalizar. Por eso recuerdo mucho todos esos esfuerzos para que la historia y la memoria tengan un lugar en la currícula. Igual que los esfuerzos para que las y los alumnos estuvieran en clases. Por eso me emocionó cuando un ex alumno de la Lola Mora me escribió diciéndome que me recordaba con las mismas convicciones que tengo ahora. O encontrarme con alumnos en la calle y que le digan a mis hijos: "¡No sabés lo me enseñó tu mamá!". El reconocimiento de los alumnos y alumnas siempre es lo que nos distingue en cuanto a nuestra profesión.

—¿Por qué creés que fuiste elegida como "maestra ilustre"?

—Creo que ese premio es una intermediación con una lógica institucional. Me reconocen por la dirección de la escuela, por lo que hemos logrado. Pero se visibiliza un equipo de gestión y el cómo organizar la escuela hoy, que no es lo mismo que hace algunos años.

—¿Por qué?

—Primero porque se han derrumbado los muros. Antes las escuelas eran como cajas donde lo que pasaba afuera no impactaba de la manera en que impacta desde hace diez años. Yo digo que los muros ya están absolutamente rotos. Todo lo que pasa afuera pasa en la escuela y entonces todo lo que sucede es un momento para aprender. Porque si algo está sucediendo afuera, esto en la escuela se tiene que transformar en un momento de aprendizaje, como nos pasó con el caso de Santiago Maldonado o con el aborto legal, seguro y gratuito. Es la lógica que, interpreto, tiene que haber en la escuela.

—Hoy también esas demandas tienen mucha fuerza desde el alumnado

—Totalmente. Nosotros tenemos centro de estudiantes, están los baños mixtos, se trabajan jornadas de educación sexual integral y están las jornadas de historia y memoria. Hay como una lógica donde todos nos vamos compenetrando, entonces los alumnos reclaman y nosotros también sabemos escuchar.

—Hay una lógica de diálogo

—Es que la lógica organizacional de la escuela secundaria necesita inevitablemente ser modificada, porque sino va a implosionar. Tengo esa sensación. El feminismo, con todo lo que significa, llegó para quedarse, en una sociedad patriarcal construida en siglos. Por eso lo que se está deconstruyendo es la sociedad patriarcal, No es solamente el aborto seguro, legal y gratuito, son las formas y modos de habitar, los discursos.

—¿La escuela no puede estar ausente de ese debate?

—No, para nada. La escuela tiene que interpretar esto y transformarlo en un momento de aprendizaje y debate con fundamentos, porque hay mucho desconocimiento sobre algunas temáticas. Lo mismo pasa con otros saberes que vienen desde afuera de la escuela. Acá hay un chico que toca el piano que cuando le pregunté dónde aprendió me dijo que de internet. Entonces como docente no podés desconocer estos otros modos en los cuáles transita la información y eso, de alguna manera, tiene que diligenciarse en la escuela. No ganamos nada diciendo "no a los celulares", sino que hay que ver de qué manera el celular es aplicable en el aula. Hay que mirar cuáles son los nuevos dispositivos a partir de los cuáles el otro aprende y yo puedo enseñar, siempre hablando que hay una autoridad académica en el aula, que no es negociable.

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—Quizás para quitarle solemnidad al título de "maestra ilustre", ¿Qué debe tener hoy un buen docente?

—La docencia es compromiso y pasión. Son las dos condiciones que para mí son necesarias para trabajar hoy. Y cuando digo compromiso digo social, porque uno es docente no solo para transferir un conocimiento concreto del área en la que te especializaste, sino para transformar la realidad. Porque ese chico o chica si tiene las herramientas y los bienes simbólicos va a poder transformar su realidad si quiere.

—¿Y vos por qué elegiste la docencia?

—Porque creo que la historia y la docencia son el camino para transformar aquello que siento que es desigual. Mi ambición es la igualdad. La distribución de los bienes económicos no depende de la escuela, pero sí la distribución de bienes simbólicos. Porque las diferencias son socioculturales cuando entrás a un aula. Y en esa heterogeneidad la clave esta en cómo distribuimos los bienes simbólicos para que todos podamos tener acceso y sentir y hacer lo que deseamos, no lo que nos impone la sociedad. La historia siempre me ha demostrado que esta es la gran apuesta.

—¿Qué ves en tus alumnos del profesorado?

—Contra toda una construcción mediática sobre qué son los jóvenes hoy, para nosotras —las dos vices, la asesora pedagógica y yo— los jóvenes son fascinantes, porque tienen una espontaneidad que valoro muchísimo. Los pibes y las pibas son mucho más democráticos y plurales de lo que éramos nosotros con los estereotipos. O discusiones que ellos ya tienen saldadas, como la diversidad sexual. Doy clases en el profesorado con jóvenes recién salidos de la escuela secundaria y algunos u poquito más grandes y lo que capto es este compromiso. Creo que estamos todos más comprometidos a tener esa mirada de la sociedad que ingrese a la escuela, donde realimentan un contenido con lo que pasa en la realidad. Y los jóvenes, los futuros formadores de chicos, tienen esa mirada. Ahora, también es cierto que los institutos están como dos cambios para atrás. Una profe nueva me decía: "Nos preparan para un sujeto ideal que no existe". Entonces van a dar clases a lugares donde hay un chico afectado por adicciones o en contextos vulnerables. Y los institutos de formación se deben esa discusión, con prácticas docentes más conectadas con la realidad de las escuelas. Porque hoy en las secundarias hay chicos que antes no estaban. Y cuando hablamos de calidad educativa esto hay que tenerlo en cuenta, porque no llega un grupito selecto al secundario, llegan todos y todas. Esta democratización te hace trabajar con recursos simbólicos muy disímiles, donde hay un trabajo docente enorme.

—¿Qué es lo que más te emociona de la docencia y lo que más te irrita?

—Me emocionan las respuestas de los chicos y las chicas. Las devoluciones y el cariño en el aula o fuera de ella. Cuando salís y decís: "Qué linda clase", porque debaten y participan. Me emocionan los jóvenes porque, profesionalmente, la escuela es mi lugar en el mundo. Y me irritan lo adultos que no pueden comprender el nuevo contexto en el cuál hay que moverse en la escuela. O estas nociones estáticas de no querer alterar lo que sucede, esa sociedad patriarcal que hay que deconstruir. Y la falsa neutralidad, que no existe. Cada uno que entra al aula sabe cómo siento y pienso, y eso no me impide crear un vínculo con ellos y ser una autoridad.

—¿Qué le dirías a alguien que quiere seguir el magisterio?

—Que es maravilloso, que es una profesión que te da caricias al alma permanentemente. La disfruto, el día que no lo haga me voy. Siempre le digo a las familias: en esta escuela no entra una cámara, en esta escuela no se vigila a nadie. Acá enseñamos que los alumnos, alumnas y alumnes puedan dirigir su propia vida, autogestionarse y tener pensamiento crítico. A eso apuntamos.

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