Educación

El derecho a saber por qué vamos al hospital

La Colección Cuenta Ciencia (UNR editora) está dirigida al público infantil y promueve la educación para la salud.

Sábado 15 de Septiembre de 2018

Un niño le tiene miedo a los pinchazos. En verdad le da tanto miedo "eso", que ni siquiera lo puede decir. No le sale la palabra, se le anuda en la garganta. Su desafío será entonces encontrar otra manera de nombrar aquello que le provoca temor y en ese camino, de paso, averiguar qué es exactamente lo que lo asusta de toda esa situación que transcurre en un hospital. Esa es la historia de Un truco para Matías, el primero de los cinco libros que integran la Colección Cuenta Ciencia, una serie con relatos, preguntas y actividades sobre temas de salud, que está dirigida al público infantil y está pronta a publicarse con el sello de la editorial de la Universidad Nacional de Rosario (UNR Editora).

La iniciativa de esta producción nació en la Dirección de Comunicación de la Ciencia (DCC) de la UNR, como una acción destinada a educar en salud a los más pequeños y a promover el derecho a preguntar y a saber qué prácticas médicas recaen sobre sus cuerpos.
El trabajo reunió las voluntades de la UNR con la de médicos, enfermeros y administrativos del hospital de Niños Víctor J. Vilela, que aportaron sus saberes técnicos y su experiencia cotidiana en las guardias, consultorios y salas de cuidados especiales. También formaron parte de los encuentros las maestras de la escuela que funciona en el Vilela y dan clases a los chicos internados durante largos períodos de tiempo. A ellos se sumaron los autores de los cuentos y las ilustraciones. Como resultado, se creó esta colección que tendrá su primera entrega en octubre y podrá conseguirse en librerías y en el stand de la UNR de Córdoba y Corrientes. Desde la editorial además, se hará una donación especial para los hospitales de Niños Víctor J. Vilela, Zona Norte y para el Roque Sáenz Peña, con gran afluencia de población infantil.
Cómo se hizo

Los protagonistas de estas aventuras son niñas y niños que atraviesan vivencias cotidianas en donde la salud, algunas veces de manera directa y otras veces más solapada, aparece como la trama que estructura cada cuento y encadena todos los textos. "La idea tuvo que ver con una necesidad de ponerles palabras a las cosas que nos pasan. A veces es difícil poder encontrar esas palabras para decírselas a los chicos porque hay otras cosas más urgentes o porque los propios padres no las conocen", dice María Soledad Casasola, titular de la DCC y también autora del cuento Un Truco para Matías. El primer paso fue reunirse con los integrantes del grupo Por mis derechos, un espacio interdisciplinario conformado por trabajadores del Vilela que desde hace seis años milita activamente para que las niñas y los niños hospitalizados accedan a actividades lúdicas, sean escuchados y reciban un trato respetuoso y humanizado. "Ellos se engancharon enseguida con la idea de hacer estos libros porque son personas que ponen en su trabajo mucho más de lo que habitualmente la gente pone. Tienen un compromiso con los chicos", asegura Casasola y recuerda las primeras conversaciones con el cuerpo médico: "Mi inquietud era la quimioterapia y en una reunión me dijeron que los chicos no le tienen tanto temor a eso. A lo primero que le tienen temor es al pinchazo porque eso, que es común a varias prácticas, (vacunas, extracción de sangre, anestesia) es la puerta de entrada al hospital. Lo que ven es eso y a eso le tienen temor". La reflexión que cuenta Casasola la hizo Mario Panelli, enfermero histórico y vacunador del Vilela, que participó activamente en las reuniones para hacer los libros. Desde su tarea cotidiana cuenta que hablar y entretener a los chicos es muy importante para poder llegar a la intervención que uno busca hacer y asegura que se trabaja mucho en el cuidado y en el contacto directo con ellos. "Siempre está presente la vulnerabilidad que tiene el chico, es algo pequeño, frágil y tenés que tratarlo como tal pero a veces te sorprende la fortaleza que tienen", recuerda pensando en los bebés que deben someterse a tratamientos prolongados y que por eso, acuden con mayor frecuencia al hospital.

Los temas

Los encuentros con los especialistas ayudaron a definir los temas: problemas en la visión, nutrición, falta de movilidad por estar en cama o en silla de ruedas y enfermedades crónicas. A partir de ahí y con ilustración de Cris Rosenberg surgieron los cuentos Ojos de Galera, escrito por Cecilia Reviglio, que narra la historia de un mundo borroso que adquiere forma cuando a un chico le recetan el uso de lentes. Una historia de alfajores y chinchulines, de Alisa Lein, que propone una excursión al interior del propio cuerpo para conocer cómo funciona el organismo. Un pajarito chiquito puede, de Sebastián Carazay, que cuenta las peripecias de una ave pequeña que ayuda a sobrellevar el largo reposo que debe guardar una nena en cama y Nacho inventor, de Sergio Pillón, que relata cómo un chico crea nuevos juegos ante la imposibilidad de correr mucho en los recreos. "Nosotros no quisimos poner el foco en la enfermedad ni hablar de un niño enfermo. En los cuentos los chicos no están sufriendo, ni están en situaciones dramáticas porque los que los van a leer son otros niños de seis años", dice Casasola. La colección es una apuesta fuerte a que los más pequeños, como sujetos de derecho, puedan acceder a la información necesaria a la hora de acudir a un hospital para alguna intervención. "Los libros no tienen el sentido de la moraleja. Son historias muy simples que le pueden pasar a cualquier chico, acompañadas de preguntas y respuestas que esas sí, buscan abrir el diálogo para que los chicos sigan preguntando", dice la comunicadora y explica que para esa sección en particular convocaron al comité de docencia del hospital para asegurar el rigor científico de los contenidos.

Trabajo colectivo

El proceso de escritura incluyó momentos de lecturas compartidas. Referentes como Sandra Siemens, Alma Maritano y Ema Wolf, inspiraron a los autores a producir sus textos. Como resultado de esos intercambios y de correcciones compartidas, es posible encontrar guiños entre los cuentos y descubrir que, en algunos casos, quien aparece como el protagonista de una historia puede convertirse sutilmente en el personaje secundario de otra. "La forma en que se hizo esta colección por sobre todas las cosas es colectiva. No es que uno tiene una historia y la quiere contar sino que es tratar de que efectivamente lo que se cuenta sirva para el objetivo de la colección. Entonces no hay problemas de modificar, de agregar, de sumar, de cambiar palabras. Nos leímos entre todos y nos complementamos", dice Casasola y agrega que le gustaría que los chicos al leer los cuentos en la sala de espera o en los consultorios puedan reconocer los espacios que se mencionan, tal como le pasaba a ella cuando era chica e identificaba los lugares de Rosario al leer las novelas de Alma Maritano.

Para Mario, el enfermero del Vilela, la expectativa es que estos libros lleguen a la mayor cantidad de niños posibles, que se lean mucho y que se multipliquen en otros espacios. Sobre todo piensa en aquellos pacientes con enfermedades crónicas que deben concurrir a diario a la institución. "Hay chicos que ya son como parte de la familia", dice y agrega que ojalá estos libros les sirvan a esos pacientes para que puedan sentirse más cómodos y contenidos en su hospital.


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