A pesar de los trágicos hechos de saqueos y violencia que vive nuestro país por estos días, celebro la promulgación de la ordenanza del Concejo Deliberante de nuestra ciudad, por iniciativa del concejal Jorge Boasso respecto de la sustitución de los caballos por motos “zootropos” como explica textual el documento del cual extraigo esta información. Si bien la situación de los saqueos parece desplazar el tema animal anteponiendo la vida humana como el objetivo prioritario a resguardar, el crimen en sí mismo está estrechamente relacionado con la agresión a los animales, la cual también es un crimen. El sábado pasado, en un programa televisivo se entrevistó a una veterinaria y socióloga americana, quien explicaba el nexo excluyente entre crueldad hacia los animales y la crueldad hacia los humanos. Esta profesional también remarcó que “ejercer violencia contra un animal es aún peor que propinarlo a un ser humano, ya que el animal no tiene como defenderse”, o sea que además de un hecho abominable, es un hecho de horrible cobardía. Los caballos siguen sufriendo. La agresión hacia ellos que se ve en las calles es cada vez peor, directamente proporcional a esta horda de inadaptados sociales que despiadadamente roban destrozan y matan simplemente por hacer daño. Se sienten fuera de la sociedad ya que un Estado dadivoso no asegura salvar la carencia cultural. Y la sensación de desprotección remite a los aletargados siglos de la Edad Media, cuando las aldeas europeas, alejadas de las fortificaciones se veían devastadas por las huestes de los bárbaros. Los carros se multiplican, muchas veces son menores quienes los conducen, y uno se pregunta dónde está el gobierno inclusivo que se jacta de asegurar el bienestar de las clases más desfavorecidas. Los caballos siguen sufriendo, los dejan al rayo del sol, si el carro está parado y el pobre animal se inclina para comer el pasto de la vereda, les tiran de las riendas fuertemente sin piedad ni consideración por ese ser a quien utilizan para su beneficio y al mismo tiempo torturan con saña como si fuese una máquina que no experimenta dolor. Felicito al doctor Boasso, a sus colegas que también apoyaron el proyecto y a todos los proteccionistas que trabajamos para terminar de una vez por todas con la tracción a sangre, metodología de otros tiempos, de otra época.




























