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Violinista

Alguien que toca en la calle de ese modo y con esa determinación necesita una contención del Estado.

Miércoles 01 de Febrero de 2017

Miércoles 1 de febrero. Junto al mar. La comparación es inevitable, la pregunta es inevitable. Qué haríamos en Rosario con un caso así.

   Hay retruques. Tenemos, en Rosario, casos parecidos y sostenemos la orquesta de pibes de Ludueña. Tienen un nombre oficial pero son eso: pibes fenomenales que tocan música en serio y así accedieron a otra vida, que suponemos mejor y menos expuesta a la muerte prematura por una sociedad salvaje que los condenaba a la nada. Bueno, lo dije.

   Este pibe toca el violín en las calles del centro de MDQ. A la gorra. Es, de un modo imposible de evitar, un músico callejero. La cara, el porte, la zona (zona de bancos, centro comercial de MDQ) y la hora define lo suyo. Un violinista infantil sobre dólares, bolsa y premura. Llama la atención.

   Qué haríamos en Rosario con Esteban, que así se llama el músico en cuestión. Y qué hace MDQ, provincia de Buenos Aires, qué hace Argentina con músicos callejeros que siguen siendo pibes.

   No podemos escapar de un concepto: protección y estímulo. Se podrán aducir los argumentos que se quiera. Toca en la calle, a la gorra, para juntar unos pesos. No hay vuelta atrás, está la foto, el testimonio. Esteban demuestra qué sucede en la sociedad.

   En el diario local es una "nota de color" en la temporada veraniega. En la decisión del estado la cuestión es diferente. No es pintoresca ni colorida. Es una ausencia. Estado ausente, ¿se entiende?

   Textualmente un tramo de la nota dice: "En este sentido, y en el marco de una fuerte crisis cultural en el municipio, encontrarse con manifestaciones como la de Esteban (11), joven estudiante del conservatorio de música de la ciudad, enciende un haz de esperanza entre los defensores de lo artístico. En plena city marplatense de Córdoba y San Martín, el joven músico deslumbra a todos los transeúntes con su talento. Feliz de poder demostrar su arte, Esteban destacó las reacciones positivas de la gente, mientras aclaró: «Muchos ven lo que hago y se hacen la película. Me molesta que digan que mis padres me explotan y no es así», expresó tajante".

   La empresa que publica el diario marplatense está enfrentada con la Municipalidad y en su batalla suma denuncias y adjetivos. No quita que la nota refleje una realidad demasiado visible. Esteban tiene 11 años y toca en la calle. El músico callejero es un hecho de características mundiales. No hay gran ciudad que no los tenga y el modo de exhibirlos y, por tanto, protegerlos, reconocer que existen, define a las sociedades. En Rosario tenían número de orden, sitios y horas determinadas previamente pero la gestión cultural, para la intendenta Fein, no sería tan prioritaria como pretendemos y/o sus funcionarios no son tan entusiastas como la creatividad del asunto requiere. El politólogo Bobbio nos ayuda: "La burocracia no es creativa, sólo repite, vigila y repite".

   En la crónica del periódico local otro testimonio es concluyente, su mamá. "La maestra de música quiso hacer un trabajo de expresión corporal con las estaciones de Vivaldi, y de pronto pasó a ser un compañero más", recordó Jocelyn, madre de Esteban. Y agregó: "A veces volvía y me decía: «Faltó Vivaldi» y era que no había tenido clase de música".

   Madre e hijo, según la crónica, no están dentro de un plan oficial que contemple el futuro musical. Alguien que toca en la calle de ese modo y con esa determinación necesita una contención del Estado. Ya mismo.

   Esteban aseguró, casi desafiando, que ahora él toca cuando quiere y manifestó que, por el momento, no está entre sus planes tocar con otros chicos de su edad. "Formé parte de la orquesta infanto juvenil, pero no voy más", recordó.

   "Su madre, en tanto, relacionó este deseo con los tempranos inicios musicales de su hijo. Empezó muy chico a tocar, lo que puede haber fomentado su acostumbramiento a hacerlo de manera solitaria".

   "La soledad es un amigo que no está, que nunca ha de llegar...". El fragmento del poema del flaco Spinetta define la angustia. Un pibe, violinista callejero, puede entenderlo como una biografía.


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