Según un dicho popular, la venganza es un plato que se sirve frío y se come despacio. Y eso fue lo que ocurrió ayer a la tarde en una humilde barriada del extremo sur de Rosario, cuando un hombre acompañado por su medio hermano decidió ajustar cuentas con los muchachos que hace tres meses balearon a su hija de15 años para robarle la bicicleta. La ira de los agresores se desató ayer, cerca de las 17.30, cuando advirtieron que quienes habían atacado a la adolescente, dos menores de 17 años, habían regresado al barrio tras pasar unos días presos. Entonces fueron hasta la casa de uno de ellos, en Boquerón y Bermúdez, y rociaron a tiros la humilde casilla donde también funciona un kiosco. El saldo: uno de los muchachos recibió un tiro en la boca y una vecina una perdigonada en la espalda. Ambos estaban ayer fuera de peligro y los autores de los disparos, presos.


























