La vigencia del partido político que fundaron Leandro Alem e Hipólito Yrigoyen se debe a sus principios, valores, programas, doctrina e historia sustentada por hombres y mujeres que a lo largo y a lo ancho del país abrazaron su ideario, hablamos de los radicales. Ahora bien, cabe una pregunta para estos tiempos que corren, ¿de qué se trata ser radical? A modo de respuesta puede decirse que el sujeto radical es aquel que cuando tuvo que tomar una definición política se afilió a un partido político que sustenta los valores de libertad e igualdad, conjugados con una ética y con un sentido del compromiso civil de fortalecer las instituciones de la República. Hoy muchos radicales lo son más por su historia que por su presente y lo son también esperanzados en un mejor futuro partidario. Los radicales de los que hablo son aquellos que desde el anonimato controlan los comicios, quienes participan en las campañas difundiendo boca a boca, puerta a puerta las propuestas, los que con orgullo y emoción de generación en generación relatan historias, los que por estos días están contentos y con optimismo por el resurgir del centenario partido. Radicales los hubo y los hay de todo tipo, personalistas y antipersonalistas, unionistas e intransigentes, moderados y progresistas, ahora ante ello cabe interrogar acerca de si existe un radicalómetro para determinar si uno es más radical que otro; la racionalidad indica que no, no obstante es intención de esta nota hacer un reconocimiento a esos hombres y mujeres que simplemente les sienta bien la caracterización de radicales. Gracias a ellos ha sido posible echar por tierra los oscuros deseos de extinción del radicalismo y garantizar la vigencia de un partido político.
































