Los años dan la sabiduría y la sabiduría borra los malos recuerdos. Pero no siempre sucede esto. En La Capital del pasado 18 de julio, el señor Daniel Chaves, en su carta de lectores, informa de la gloria alcanzada por los alemanes en Brasil, quienes adoptaron el eslogan "una nación, un equipo, un sueño". Y tiene razón Chaves, los alemanes siempre fueron muy unidos, muy compactos y por eso alcanzaron grandes metas, mientras que los argentinos, siempre peleados y divididos. Por no ser yo sabio, mi memoria no borró el recuerdo producido por el eslogan arriba citado, muy similar, demasiado similar diría yo, al cartel publicitario de 1938, con fondo del mapa de Alemania, que decía: "Ein volk, ein reich, ein fuhrer", en castellano: un pueblo, un imperio, un conductor. La foto de Hitler ocupaba el centro de la imagen. La similitud es perfecta. ¿Casualidad? ¿Brotes de un sueño ahogado trágicamente? O el subconsciente de un pueblo que emerge en el preciso momento en que vuelve a sentirse "Deutscheland uber alles", esto es: Alemania sobre todos. En contraste a estos éxitos, fruto de los esfuerzos de un esquemático país, organizado, encuadrado y unido, yo prefiero una Argentina, mi país de adopción, en donde el individuo todavía existe, donde podemos darnos el lujo de escapar de cumplir una ley que nos ahoga, rebelarnos, de gritar desunidos, de producir y mirar programas berretas en tevé. Y así nos va, me decía un vecino gruñón. Es cierto, nos va tan mal que tenemos un auto cada 3,3 habitantes, producimos 8 kilogramos de cosecha por día y por habitante, tenemos más de una vaca por cada argentino y nuestros tambos nos dan un litro de leche para cada uno, diariamente. Pero, obviamente, como somos poco organizados, alguien se toma dos litros de leche y el vecino se queda en ayunas. Llegamos segundos en Brasil y no fuimos vencedores, más por un infame árbitro (árbitro europeo al fin) que por la valentía teutónica; segundo puesto que no es poco decir. Que lo digan los ingleses, los españoles, italianos y brasileños. Si el precio del orden, de la disciplina, de estar muy unidos, es el precio que pagó Alemania, me quedo con el peso devaluado y sin los preciados marcos de antaño, a pesar de tantos pesares caseros.


































