En la edición de La Capital del 9 de mayo, en sección Opinión, se publican reflexiones con este título en las que el autor, con buena pluma, pretende refutar la opinión de otro lector que afirmó que la universidad privada tiene ventajas sobre la pública a la hora de formar profesionales con espíritu crítico. Personalmente discrepo con ambos, a mi entender estas antinomias son retrógradas y destructivas. Nuestro país necesita la contribución de todos los sectores y la universidad privada llego para quedarse. Para validar sus argumentos manifiesta que solamente presenta los que conoce de primera mano pero entiendo que comete algunos errores. En primer lugar, según el último informe de la QS University Rankings en el apartado para América latina, entre las primeras 50 calificadas en este año, sólo aparecen 6 argentinas y todas con menor puntaje que en el 2011. Entre los primeros 10 lugares hay 4 de Chile, 3 de Brasil, 2 de México y 1 de Colombia, ninguna Argentina. En la escala basada únicamente en la reputación académica, entre las primeras 20 aparecen solo 4 argentinas destacándose el puesto 3 de la UBA, apareciendo luego el 10 de Córdoba, el 13 de La Plata y el 14 de UCA, esta ultima privada y por encima por caso de la UNR. En segundo lugar, escribe que la Fundación Konex premió a cinco científicos rosarinos y agrega todos de la UNR. También de primera mano, discrepo con esta afirmación. Tres de estos cinco destacados científicos estudiaron en la universidad privada y tengo el privilegio de decir que fueron mis alumnos en ella, más primera mano imposible. Luego ingresaron al Conicet pero nunca se sentaron como alumnos de grado en la UNR. Concluyo expresando que en educación universitaria hay tanto para hacer y mejorar, que no hay tiempo para distraernos con discusiones, a esta altura, triviales.


































