Quiero contar una historia que se entretejió gracias a La Capital. Comenzó más o menos hace un año, con una carta de "Jóvenes Lectores", donde contaban sus experiencias en el Taller de Lectura de las profesoras Andrea Gorosito y Nora Ramírez de la Unidad Penitenciaria III de Rosario, donde estaban internados y pedían libros y revistas para continuar. Por otra parte, a nuestro Club de Leones de Rosario Luis Pasteur, el diario nos publica casi todos los lunes un aviso solidario solicitando libros y revistas para escuelas y refugios transitorios. Contactamos a las profesoras y comenzamos a llevarles parte del material, que se acopia gracias a comercios solidarios. Nora y Andrea siempre nos reciben con mucho cariño. Pero el lunes 4 de junio, nos invitaron a pasar a la sala de trabajo porque algunos internos querían agradecernos personalmente nuestra ayuda. Allí nos esperaban Adrián y Héctor, que luego de charlar un rato nos mostraron un cartel confeccionado por varios de ellos donde figuraban, además de una nota de agradecimiento, oraciones como "leer despeja la mente", "saber que se puede", "antes nada te sorprendía, después de esto, hablamos", entre otras muy significativas. Nos sentimos conmovidos. Pensábamos que nuestra ayuda era una gota de agua, pero se había transformado en algo más para saciar la sed de aprender y de interesarse por el otro. Porque gracias a Nora y Andrea se han convertido en agentes multiplicadores, tratando de integrar a otros, cada día son más los que van en busca de revistas o libros. Adrián por ejemplo, nos contó que se había reservado un libro que le había parecido importante porque es de actualidad y autor conocido; pero ese día vio a un compañero muy triste, se acercó y se lo regaló. "Le cambió la cara", nos decía, "no podía creerme". "Quise ayudar como ustedes lo hacen y me sentí muy bien". A él le faltan pocos días para regresar definitivamente a su hogar, pero lo hará con otra mirada, con otras perspectivas. Saldrán fortalecidos, conociendo otra realidad que la que quizás les tocó vivir. Nosotros salimos reconfortados de esa visita, porque vislumbramos el trabajo arduo de estas dos profesoras y lo que están consiguiendo. Los internos son los actores, pero nuestra gotita de agua los ayuda a marcar una huella que perdurará en el tiempo.





























