El domingo 26 de mayo, salió en un canal de Buenos Aires un programa dedicado a hablar íntegramente de los maltratos en los jardines de infantes. Por supuesto, y como siempre, con invitados que hablan desde un mismo lugar y sin la presencia de otros que hablen en nombre de la “otra campana”. Hace un tiempo escribí una carta de lectores denominada “Todos en la misma bolsa” donde destacaba la difusión mediática con ciertos “ preconceptos” en los mensajes, que se estaba dando al caso del Jardìn Tribilìn de Buenos Aires. Nuevamente debo decir que me causa indignación que se hable impunemente en los medios desconociendo la totalidad de la problemática y generando sensacionalismo barato carente de sustento. Como si en otros ámbitos no existieran las mismas cosas, incluso dentro de los mismos hogares, con los mismos padres y familias. Es muy perjudicial lo que está pasando para los jardines, agregado a la pobre realidad de los mismos (falta de subsidios docentes, exenciones impositivas y la fragilidad económica que significa no poder trabajar en los meses de verano con la totalidad de la matrícula) hay que soportar que estas personas hablen de “el negocio de los dueños de los jardines” como si se llenaran de plata con eso y se manejaran como delincuentes. Nadie desconoce estos hechos aberrantes, sólo que no son exclusivos del ámbito de los jardines, y pareciera, gracias a estos “pseudo programas de debate”, desinformados y que faltan a la verdad, que si lo son. Los jardines de infantes se están cansando de ser meros espectadores, dejando que los ensucien por culpa de unos irresponsables. Como directora de uno de ellos, exijo que haya un verdadero resarcimiento por los perjuicios que ocasionan en la opinión pública. Para ser periodistas, primero deben estar bien informados y después originar verdaderos debates, donde todas las partes estén presentes y no sólo una sola campana. Esta semana es “la Semana de los Jardines”, festejemos que todavía existen instituciones serias en las cuales confiar, y a quienes podemos entregar nuestros hijos con la tranquilidad de siempre. Esta es la “otra campana”.


































