Por estos días, y particularmente en discursos de campaña, escuchamos mucha retórica sobre la necesidad de cambiar -estructuras, modelos o políticas-, pero lo cierto es que en general no se profundiza sobre este tema cuando se trata de llevarlo a la práctica. Yo creo que sólo podemos cambiar el contexto si previamente logramos un cambio en nosotros mismos, o sea evitando la hipocresía de alardear con los cambios siempre y cuando no nos toquen nuestra quintita. Esto implica un autoanálisis y la humilde voluntad de mejorar nuestra individualidad utilizando luego tal experiencia en la proyección y práctica social. Así lo entendió Doña Teresa, la santa, que después de criticar el trato para con los enfermos marginales, empezó su tarea en Calcuta. Aunque fue como una gota en el océano, eso originó una marea ejemplar. El paso posterior sería evitar que nos vendan falsos esquemas, para lo cual deberíamos hacer un diagnóstico racional sobre los males que aquejan actualmente a la sociedad. Como decía el Toto Aristóteles no se puede desatar un nudo sin saber cómo está hecho. En este sentido Mónica Cavallé nos indica cuáles serían las siete plagas actuales en el mundo, con pequeños matices según las regiones, pero que podrían resumirse de la siguiente manera: 1) Pobreza y falta de educación en amplios sectores. 2) Degradación ecológica del medio ambiente. 3) Primacía de la lógica económica (todo se compra todo se vende). 4) El consumo como principal satisfacción psíquica. 5) La manipulación mediática. 6) Los fanatismos que justifican la violencia del hombre contra el hombre. 7) Que se encuentre perdido el ideal del sabio y la vida sabia. En Egipto fueron siete plagas de castigo divino, pero en la actualidad deberíamos verlas como autocastigo, entonces la pregunta básica sería: ¿qué rol desempeñamos nosotros con respecto a estos males, rechazo sincero o cómoda aceptación? Luego surge la pregunta inevitable: ¿siendo estas plagas tan grandes y extendidas se pueden cambiar? Estimo que aunque la tarea sea extremadamente difícil es posible, pero creo, humildemente, siempre que recordemos los tres pasos comentados: a) autoconocimiento y autocrítica de nuestra escala de valores; b) diagnóstico meditado desconfiando de los retardatarios del cambio que maquillan la realidad para que todo siga igual; c) manos a la obra empezando por casa, con mucha paciencia y optimismo… ¿O será que me he pescado una utopía?
































