Cada 17 de agosto se conmemora el aniversario de la muerte del General San Martín y es difícil decir algo de él que no se haya expresado desde 1850. No obstante, no rozar siquiera una referencia a su figura sería casi una irreverencia. Por ello quiero destacar tres lugares que tuvieron que ver con su destino: Yapeyú; donde nació bajo el cielo correntino acunado por el rumor del “Río de los pájaros”, y por las melodías que el viento desafinaba en las arboledas, cuando llegaba del noroeste trayendo los misterios del Iberá. San Lorenzo; donde a orillas del Paraná y en el asombrado campo del Convento San Carlos abrió con la costosa llave de la victoria la puerta de acceso al tortuoso camino de la libertad de Argentina, Chile y Perú. Y Mendoza; porque en el Campamento del Plumerillo, bajo el sol cuyano que entibia tonadas y dora racimos, forjó el Ejército de los Andes; ese que puso bajo la advocación de su patrona y generala: la Virgen del Carmen. Ese que cruzó las montañas y se cubrió de gloria; el que escribió uno de los mejores capítulos de nuestra historia. En Yapeyú, el viento litoraleño se levanta en aquel pueblo de la orilla del río Uruguay, para pasar después por San Lorenzo llevando el nombre del Libertador. El viento que después de un extenso vuelo deja ese nombre inmortal prendido en los picos de la cordillera. Y cuando en el parque mendocino General San Martín el sol refleja su orgullo en el lago y los rosales recuerdan un beso de luna y rocío; la calma del lugar va evocando sitios queridos como Uspallata, El Cristo Redentor, El Manzano de Tunuyán y el Monumento al Ejército de Los Andes; sitios que hablan de Don José y sus Granaderos.

































