En avenida de la Travesía las casas están marcadas para ser desalojadas con números en rojo aunque aún no está comprado el terreno ni definido sitio alguno. Las obras han comenzado: o sea que la mudanza y la topadora están próximas, en un futuro cercano. Movida de tierra, máquinas, obras. En el medio, gente expulsada de su sitio como un grano que se fuerza a reventar. Tierra amontonada en un extremo (J. B. Justo), tierra amontonada en el otro (Sorrento). El 2 de febrero, tormenta, piedra y lluvia. El agua no tuvo paso y las casas se inundaron por primera vez. Allá fueron al piquete, un piquete violento y enojado, bajo el puente del ferrocarril. La gente que era impedida de pasar por el piquete, enojada también. Pero no vino nadie. Ni un concejal ni nadie. Nadie que piense que esa tierra de tránsito, de nudo, de tropiezo, es también cosa suya. Cabe aquí una pregunta: ¿quién diseña estas obras, planificadas en un espacio virtualmente vacío pero real y efectivamente ocupado? Se suceden las reuniones: los vecinos del otro lado de la vía han juntado firmas para que los desalojados de las casas marcadas no se instalen en terrenos próximos. Quizá tienen razón. En lo que no tienen razón es en las ofensas infligidas hacia los "negros villeros", sus vecinos, sus próximos, sus prójimos. Tampoco, el que queden librados a su suerte con un acá no por toda respuesta. Han estado reunidos con el gobernador. Sin embargo, desde la apreciación de estos vecinos, la solución no está a la vista. Quizá el señor gobernador está trabajando seriamente sobre el tema. Pero sus previsiones y acciones conducentes no están a la vista. Para buscar y reclamar soluciones escribo en la convicción de que el reconocimiento mutuo ayuda a tender puentes que permiten encontrarlas.





























