El señor Pablo Sánchez Polanco es otro de los tantos que vuelve a aconsejarme que debo informarme antes de opinar. Como resulta que todos tenemos los mismos derechos, por mi parte doy a don Pablo el mismo consejo. Le cuento: cuando en mi carta del 24/01/09 narro que me encontré con la lista del escándalo ("Cien homosexuales célebres"), y allí figuraba San Agustín, no me sorprendí, pero si me llamó la atención, porque ignoraba el dato. Lo primero que hice fue buscar información. Quizá llame la atención de usted, la cantidad de discusiones y de datos contradictorios que encontré. De todos ellos deduje que San Agustín, antes de su conversión, había tenido relaciones homosexuales. Ahora bien, parece que soy un hereje y un blasfemo por poner sobre el tapete un dato histórico. Por otra parte los católicos como usted deben aceptar, de una vez por todas, que existe la diversidad y que por ende hay gente para la cual la diferencia entre un homosexual y un heterosexual, es la misma que la que existe entre quien tiene ojos azules y quien los tiene pardos. No consideramos a los homosexuales ni "viciosos" ni de "mala conducta", "camino equivocado", "degradación", "atentado contra la vida", etcétera. No agravié a San Agustín, ni es mi intención hacerlo, simplemente encontré una lista donde aparecía el Santo y lo agregué como un dato a favor de la homosexualidad. Olvida usted que San Agustín figuraba entre los "célebres" y que a continuación agregué: "Todos estos «viciosos» contribuyeron, cada uno en su campo, a enriquecernos espiritualmente…". Martín Lutero antes de su "conversión" fue un fraile agustino, y ningún protestante que conozca, se avergüenza de ello, trata de falsear el dato o lo barre bajo la alfombra. Lo que hizo Lutero posteriormente, es otra historia. Disculpe usted, pero tengo la extraña y alarmante sensación de estar rodeado de Torquemadas y Savonarolas. Lo preocupante de todo esto es que ya estamos en los albores del siglo XXI.
































