La única certeza de la actualidad tecnológica es que el aparato más sofisticado que tengamos en
casa será obsoleto dentro de algún tiempo. No importa si el televisor tiene 29 pulgadas o si el
teléfono es Wi-Fi, mañana estaremos contemplando en una vidriera una TV más moderna o un celular
más pequeño. La ventaja es que el constante desarrollo hace que las nuevas tecnologías se vuelvan
accesibles cada vez más rápidamente.
La llegada de pendrives de 8 gigas hicieron que los de 512 MB bajaran considerablemente su
precio. Las costosas regrabadoras de DVD llevaron a los reproductores al alcance de cualquier
bolsillo. La inalcanzable banda ancha se convirtió en una carrera por ver quién ofrece la conexión
a internet más veloz a menor costo.
Hace diez años tenía una computadora con un disco rígido que apenas si duplicaba la capacidad de
un CD; hoy mi cámara fotográfica lleva una pequeñísima tarjeta que permite almacenar el equivalente
a mil disquetes de antaño. ¿Vivo en un estado de permanente deslumbramiento gracias a semejante
avance tecnológico? No, estoy pensando si un gigabyte será suficiente para las próximas
vacaciones.
Un par de años atrás logré acceder a mi primera cámara digital. Tenía (todavía tiene) una
pantalla de 1,7' y una resolución de tres megapixels: el sueño del pibe. Pero hoy, una cámara de la
misma marca aunque con el doble de resolución y un display de 2,5 pulgadas cuesta doscientos pesos
menos de lo que pagué mi
vieja Wendolin (tal el nombre con el que fue bautizada).
Aunque sea difícil probarlo, hay quienes sostienen que cada año se sacan más fotos que en
toda la historia de la fotografía. Claro, ya no hay rollos para revelar y el único costo de
disparar indiscriminadamente es el CD donde serán guardadas. Esto hace que crezcan exponencialmente
las chances de obtener una imagen digna de ganar un concurso, ya sea a fuerza de paciencia o por
esas cuestiones del azar.
Esto viene a cuento de que un reportero gráfico me confesó que está "harto" de su profesión de
fotógrafo. "Ahora cualquier boludo saca una foto", asestó, para luego evaluar las posibilidades de
dedicarse al diseño de interiores. Es cierto, el avance tecnológico acerca las herramientas a la
gente común. Pero mientras "cualquier boludo" es capaz de componer canciones en su casa,
grabarlas en una computadora y editar un disco con una calidad de sonido asombrosa, nada podrá
dotarnos mágicamente de creatividad, técnica y virtuosisimo. Daniel Barenboim hay uno solo, así
como son irrepetibles Goya, Cortázar, Hitchcock, Leonardo Da Vinci, Miles Davis, Terry Gillian,
Jack London... Uno podrá conseguir una instantánea deslumbrante, pero Richard Avedon logró decenas
de obras de arte.
La cámara digital me transformó en un adicto a fotografiar cada cosa que se mueva o deje de
moverse a mi paso. No aspiro a convertirme en Henri Cartier-Bresson ni mucho menos, apenas si me
conformo con lograr buenos recuerdos y alguna que otra foto que se deje exhibir con nobleza en las
paredes de mi casa. En pocos días salgo de vacaciones y, por supuesto, vienen conmigo Wendolin y
Eleonora, mi nueva cámara.