El pasado sábado asistí a disfrutar el espectáculo de Ricardo Montaner en teatro Broadway. Promediando el recital, Montaner recordó que la noche anterior se había cortado la luz, y minutos después sorpresivamente sucedió lo mismo, dejando a oscuras el teatro, sin aire acondicionado, con la temperatura a más de 30 grados. Montaner trató de dar un marco gracioso a lo sucedido, lo cual le agradecimos, pero les aseguro que de gracioso no tuvo nada. Casi morimos de calor, tuvimos que esperar la puesta en marcha de equipos electrógenos para que el espectáculo pudiera continuar. Abandonamos la sala en total oscuridad y, como frutilla del postre, colocaron sobre el escenario un turboventilador para que este brillante cantautor pudiera continuar con su obra. Pregunto: ¿tan pocos dividendos les dejan a los responsables de esta sala los espectáculos que allí se producen? Porque les garantizo que las entradas no son de favor, y sus precios mucho menos populares. Por lo tanto, si quieren ser parte de la segunda ciudad del país, inviertan algo de todo lo que se llevan y mejoren las condiciones, porque realmente lo que sucedió fue vergonzoso.



























