“De vez en cuando la vida nos regala un sueño, tan escurridizo, que hay que andarlo de puntillas por no romper el hechizo”, nos dice Serrat, y eso justamente fue lo que sentí el viernes 10, porque un año antes el Club Intercambio Carriego estaba intervenido, clausurado, vacío, oscuro y cerrado. Y ese viernes, después de tan sólo 10 meses de trabajo, el club estaba brillante, lleno de risas, de luces, con gente del barrio, con gente de las diferentes disciplinas, socios nuevos, socios viejos, estaba lleno de amigos. De mi parte tuve miedo de estar soñando, porque en febrero cuando comenzamos con esto, en lo que a mi respecta, no sabía qué estaba haciendo, pues jamás tuve experiencia alguna en la dirigencia de un club. Sólo disponía de ganas y deseos de cambiar la historia. Pero el viernes se hizo sábado y entonces me di cuenta de que no era un sueño, era una hermosa realidad, y mi alegría, mi felicidad, que deseo se contagie a todos los que están cerca de Intercambio Carriego, sólo me lleva a decirles gracias a todos los que compartieron con nosotros la fiesta del viernes, gracias por estar, gracias por apoyarnos y poner de nuevo al Club Intercambio Carriego en el lugar que nunca debió dejar. A mis compañeros de comisión, a los vitalicios, a los nuevos socios, a los profesores, a todos los colaboradores, a los concesionarios, todos y cada uno de ellos son partícipes en mayor o menor medida de este logro, gracias por esta realidad, gracias por este año. Y con ello, también viene el pedido para que redoblemos esfuerzos y compromisos en el año venidero, para que Intercambio Carriego siga creciendo, y con ese crecimiento, tanto en lo social como en lo deportivo, el club se vaya transformando cada día más en contenedor del barrio, tanto de niños, adolescentes, adultos y mayores para que de esa manera sea realmente un club atlético y social como lo dice su nombre.

































