Sabemos que Spinetta es un músico que pendulea en extremo los claroscuros de una forma de ser (otros le llaman caprichos): o habla demasiado o no habla nada, o se presenta con una banda que voltea las paredes o lo hace en solitario creando una atmósfera de sopor y aburrimiento casi insoportable. Esto último fue lo que produjo en la mayoría de la gente el pasado viernes 13 en las escalinatas del parque España. Se presentó ante algo más de diez mil personas con una guitarra eléctrica que sonaba como si fuera de juguete por su sonido anémico y quebradizo y una acústica que jamás se escuchó. Sólo el teclado sonaba a la altura de las circunstancias, pero sucede que la gente fue a ver a Spinetta, no a Cardone. De entrada justificó la pobreza de su presentación diciendo que no andaba bien de la voz y que el médico le había diagnosticado "puchitis" (de ahí que los primeros temas los cantó mal, como con miedo de no llegar a las notas más bajas) y que el recital iba a ser de formato íntimo, cuando en realidad tendría que haber dicho que el formato más bien era de carácter económico, quizá por el hecho de que la entrada era libre y gratuita. A esto sumémosle el sonido excesivamente bajo en general que hizo que la gente que estaba lejos y en lo alto de las escaleras no escuchara casi nada. Los gritos del público pidiendo que subieran el sonido jamás fueron escuchados. Promediando el recital y cansados de aplaudir por compromiso parte de la gente emprendió la retirada en silencio y a oscuras. Desde mi posición, gané unos veinte metros a medida que el público se iba yendo. Sólo los cholulos fanáticos y sobalomos expresaban su ciega e incondicional devoción a Spinetta aplaudiendo rabiosamente y tirándole piropos que demostraban su sumisión total a todo caprichito que se le ocurra al flaco. Spinetta: tu famoso formato íntimo está bien para un café concert o algo así, no para tocar ante tanta gente. A Luisito únicamente lo salvó su prestigio y trayectoria, evidentemente. Me defraudaste. Y como dijo un chico, que estaba en los hombros de su padre, con esa inocencia y claridad tajante que suelen tener los pibes para decir las cosas: "Papi, ¡qué aburrimiento...! ni siquiera una batería hay... ¡nada!". Señores organizadores: para realizar conciertos "económicos" de esta manera mejor no hagan nada.
































