Como bien destaca la nota aparecida hace unos días en La Capital, se cumplieron el 1º de septiembre 75 años del comienzo de la invasión alemana de Polonia, la que originó dos días después la declaracion de Guerra de Inglaterra y Francia al país gobernado por el nazismo en ese entonces, de acuerdo a compromisos previos concertados con Polonia, algo que no tuvieron en cuenta ingleses y franceses cuando Rusia invadió traicioneramente Polonia en el momento en que los ejércitos polacos enfrentaban la “blitzkrieg” alemana o se retiraban derrotados hacia oriente, es decir, no hubo declaración de guerra de ingleses y franceses a Rusia. Al término de la contienda, los países vencedores, aunque en realidad si hubo vencedores esos fueron los mercaderes de la muerte, es decir, los traficantes y fabricantes de armas, hicieron el juicio de los lideres nazis llevado a cabo en Nuremberg, y hete aquí que tendrían que haberse sentado en el banquillo junto a los jerarcas de Hitler, en primer lugar Josef Stalin, Viacheslav Molotov y Lavrenti Beria, por los crímenes cometidos contra su propio pueblo y por las invasiones de Polonia y Finlandia, algunos de los líderes y militares ingleses y norteamericanos, por los salvajes raídes realizados contra ciudades indefensas pobladas por civiles y refugiados alemanes, y en especial el líder norteamericano Harry S. Truman, quien ordenó arrojar dos bombas atómicas que bien pudieron soltarse en el mar a la vista de los militares japoneses. Esa guerra tuvo la particularidad de que con el avance de la tecnología de esa época los medios de destrucción fueron mayores y más masivos, por lo que se deduce de esto de que las siguientes guerras que emprenda el hombre, ante un avance y progreso aún mayor de la tecnología, el poder y alcance destructivo de las armas será aún mayor, poniendo al borde de la aniquilación no ya a un ejército o una nación entera, sino a la humanidad toda. Luego de la operación Bagration en junio de 1944 los rusos hicieron desfilar por las calles de Moscú 50.000 prisioneros alemanes, ante un aturdido y silencioso público formado por civiles rusos, y se escuchó a una mujer madura gritar a los que tenía alrededor, “mirad, tienen (los soldados alemanes prisioneros) la edad de nuestros hijos en el frente, obligados a combatir, matar y morir por culpa de los dirigentes”. Reflejar la tragedia de los pueblos y los civiles y soldados en una guerra mejor que lo que refleja esta frase de esa madre rusa, es imposible.
Miguel A. Decunto
DNI 11.270.762



























