El tenor de la carta de Cristian Sebastiani del pasado 7 de febrero sobre la improcedencia del reclamo por los derechos del animal (específicamente por los equinos que traccionan carros) me obliga a una respuesta reflexiva. Por un lado nadie puede atribuirse la autoridad para imponerle a otro ser humano sus deseos, pensamientos, criterios o acciones. Por el otro, todos los animales poseen derechos y esos derechos deben ser defendidos por las leyes como lo son los derechos del hombre. Respecto a la exclusión como mal social, es sólo uno de los vicios del modelos planetario que, como muchos otros, debe ser eliminado extirpando de raíz el paradigma que originó el sistema. En síntesis, lo valioso no es describir o condolerse por una realidad, sino tratar de modificarla desde sus fundamentos mediante nuevos esquemas y acciones. Reflexionar, planificar y actuar en conjunto pueden ser estilos para intentar esbozar senderos inexplorados. La imposición autoritaria de ideas, la supremacía del humano sobre los demás animales sólo reafirman, reasegurándolo, al antiguo modelo de sometedores y sometidos.
































