¿Quién no se emociona al recordar el lugar que ocuparon en la región los cines? Y en este bagaje de nostalgia las películas pasan a un segundo plano, ya que lo que perduró en la memoria popular son aquellas vivencias que dejaba cada visita.

¿Quién no se emociona al recordar el lugar que ocuparon en la región los cines? Y en este bagaje de nostalgia las películas pasan a un segundo plano, ya que lo que perduró en la memoria popular son aquellas vivencias que dejaba cada visita.
Un ejemplo de este auge y de la posterior debacle de la actividad fue la zona del cordón industrial, en especial en San Lorenzo, donde se levantó una de las salas más emblemáticas. Allí, las funciones a sala llena y los bares colmados durante los intervalos hacían pensar que se asistía a un negocio interminable.
En los 90 sólo quedaba en pie en San Lorenzo el cine San Martín. Ubicado sobre avenida homónima al 2500, se erigía como un gigante, con una sala que, según los entendidos, tenía la mejor acústica de la zona. Todos recuerdan con cariño y emoción las tres películas continuadas a las que asistía gente de toda la zona para ocupar los dos pisos de plateas que eran un lujo para la época. El San Martín era un empresa privada de la que participaron también socios de la confitería Sambae, otro ícono sanlorencino.
Pero no sólo las películas caracterizaban a esta sala. Espectáculos de primer nivel como Les Luthiers pasaron por su escenario y muchas instituciones, sobre todo escuelas públicas, usaron su escenario teatral para forjar momentos inolvidables y además contribuir a una vida social y comercial única en la zona norte de la ciudad.
Los años 90 marcaron el principio de su fin, y poco a poco se fue apagando a medida que su explotación se volvía cada vez menos redituable. Era una época en la que la sociedad estaba enfocada en conservar las fuentes de trabajo que por entonces se perdían de a cientos y no en ocuparse de buscar alternativas para salvar un patrimonio cultural no declarado.
En el lugar, primero se instaló la tienda Nosotros; a fines de los 90 se abrió para una cantata de música popular, luego fue un boliche bailable, y más tarde, a principios de 2000, una bailanta.
En los últimos tiempos, aparecieron algunos grupos en la red social Facebook buscando impulsar la recuperación del cine como patrimonio cultural a través de una ley de expropiación. Cecilia Fernández y Pablo Parente grabaron un video que circula por la web en el que se muestra el actual estado en ruinas de la sala y en el que aún se puede apreciar la acústica privilegiada en medio del abandono.
Sobre la situación de la sala circula incluso la versión de que en los próximos días ingresará al Concejo Municipal sanlorencino un pedido de autorización para un proyecto que en teoría apunta a recuperar ese espacio. Se trata de una reconversión y modernización de la planta baja con un microcine y oficinas para dar paso a la construcción de una torre de propiedad horizontal. Bien cabe preguntarse qué relación hay entre la recuperación de un patrimonio cultural y un edificio de más de 20 pisos.



Por Matías Petisce
