Soy de la generación que esperó con ansias y esperanzas el arribo de la democracia. Sí, para los que no estuvieron en ese gran momento histórico, les informo que el día que ganó el doctor Raúl Alfonsiín no ganó un radical, ya que en ese momento no había mezquinas divisiones partidistas ni enconos, pensamos que al fin nos había llegado ese momento histórico, tan esperado. Pero ese sentimiento se va diluyendo año tras año, mes tras mes, día tras día. Escuché con estupor días atrás en un programa de televisión a un panelista defendiendo al motochorro porteño que fue filmado. Argumentaba que robó porque no tenía dinero para comprar un regalo para su hijo. Señores comunicadores (no me atrevo a llamarlos periodistas) quiero decirles que quien no tiene un regalo para su hijo lo fabrica o lo lleva a una plaza a jugar con los amiguitos o tantas opciones más que existen que con ingenio y honestidad llenan de alegría a cualquier niño. Por favor, dejemos de defender lo indefendible. Robar sigue siendo un delito que no admite maquillaje alguno. Pensemos en el ejemplo que estamos dejando en cada uno de nuestros niños y jóvenes.




























