Decía Terencio: ¡con qué falta de equidad están ordenadas las cosas... que los que menos bienes poseen tengan que acrecentar de algún modo los de los más ricos! Este acertado y valedero concepto tiene su correlato con la realidad de los pobres jubilados, si pensamos que de una u otra forma las grandes fortunas llevan el sello oculto de la pobreza de millones de argentinos. En efecto, mientras un 30 ó 40 por ciento de la población vive en la pobreza o indigencia, nos enteramos oficialmente por la declaración jurada que la presidenta de la Nación y su esposo aumentaron su patrimonio en un 158 por ciento entre el 2007 y 2008, pasando de 17 millones a 46 millones de pesos. El hecho, por lo impactante y casi obsceno en quienes hablan de distribuir la riqueza nos lleva a una simple reflexión: por un lado tanta riqueza y especulación y por otro tanta pobreza y marginación. Además, millones de jubilados muertos de hambre, siempre esperando una vida mejor, con una jubilación digna y que de haber voluntad política y espíritu de justicia bien podría hacerse realidad, serán burlados una vez más. ¿Cómo? Con el aumento que la ley de movilidad les otorgará en pocos días más: 40 o 50 pesos más o menos en septiembre. Sabido es que la injusticia, siempre mala, es horrible ejercida contra un desdichado.
































