Leí la carta destacada del 2 de agosto pasado de Raquel Pierri titulada "Dónde están los hombres"; y a su pregunta le respondo que aquí estoy para apoyarla y no sólo contra los pavorosos y crecientes casos de violencia, sino también contra la discriminación que hacen otros sectores machistas al no permitirles hacer funciones de la que son completamente capaces. Creo que estos casos de violencia deberían tratarse ya como una cuestión de Estado, y es tarea de legisladores y jueces tomar el tema y resolverlo con energía y condenas concretas. No puede ser que una mujer sola e indefensa se canse de hacer denuncias a la policía de malos tratos y nadie se da cuenta y miran para otro lado. Vimos recientemente por TV como un hombre toma a su mujer por los pelos y le da un golpe que la tira al suelo. Este hombre ya tendría que estar preso y mostrado por TV para que la gente vea una reacción inmediata de la Justicia. Pero ya vemos como se actúa. A menudo, leemos en los diarios que un malviviente, con más de siete entradas a cuestas, sigue cometiendo tropelías. ¿Quién y por qué lo dejan suelto? ¿Dónde está la falla judicial que tolera esta injusticia? En New York no se podía salir a la calle después de las seis de la tarde, hasta que vino el intendente Giuliano, que consideró que hacer un "grafitti" en una propiedad ya era delito con pena, y así resolvió el problema ya que los malhechores huyeron como ratas porque se dieron cuenta que la cosa venía en serio. Acá la calle la tiene ganada la delincuencia, con robos, asesinatos, pillaje, arrebatos en motos, al entrar uno en su casa ya sea a pie o en auto. Pero siempre las mujeres son las preferidas para hacerles daño. Reitero son los gobernantes, legisladores y la Justicia los que deben hacer algo; nosotros, los hombres comunes y buenos, no podemos hacer nada.






























