En respuesta a la carta del lector Cristián Sebastiani, que hizo referencia a aquéllos que pedimos el cumplimiento de la Ley Sarmiento, queremos expresar algunas consideraciones. Aunque sea de gran porte, el caballo es un animal muy delicado. Para que sobreviva se necesita no sólo dinero sino cuidados diarios, porque de lo contrario podría enfermarse y morir. Casi todos están enfermos, con las bocas lastimadas por causa del violento uso de los frenos, con lastimaduras provocadas por las cinchas tan duras y ajustadas por muchas horas de trabajo. Casi no tienen pasto en los lugares donde viven. Muchos comen basura, lo que les ocasiona cólicos, generalmente mortales y muy dolorosos. Las hembras con crías jamás se separan de ésta, aunque les peguen. Hace un mes, un hombre mató a golpes a una yegua después de tener a su cría. Aunque por la calle el animal aguanta, porque es noble, involuntariamente se ha convertido en herramienta de trabajo, medio de transporte, compañero de copas, transporte de drogas, piquetero y coautor de robos, y a menudo acaba preso junto a por lo menos dos menores. También suele ser entretenimiento de fiestas improvisadas, como matar el ocio con una cinchadita o una carrerita de caballos. En algunos lugares, como en Ludueña, los menores luego de venir de trabajar, los atan de la cola para que el juego sea más apasionante. Entendemos la situación de exclusión en que viven muchas familias. Pero no todas usan caballos para subsistir. De hecho, muchos cartoneros usan carro con bicicleta, incluso algunos lo hacen por opción, en contraste de lo que usted afirma. El reemplazo del caballo por otro medio con inclusión social puede ser beneficioso para esas familias. En lugar de esto, al niño lo primero que le compran es un caballo y lo primero que le enseñan es a pegarle. Esta situación no sólo lastima al animal, sino que constituye un atentado a los derechos del menor. Los niños no deberían estar aprendiendo a cirujear, sino aprendiendo en la escuela valores tales como el respeto hacia todos los seres vivos, protegido contra cualquier acto de agresión, e incorporando herramientas que le permitan en su futuro salir de esa situación de exclusión. Allí debería dirigir su reclamo y no a nosotros. Su postura no aporta ninguna solución a la situación de pobreza estructural y no conduce más que a su perpetuidad.
































