Poco tiene que ver el título con el de uno de los temas de Calamaro en su Hotel Calamaro, pero la radiactividad radial se manifiesta en la provincia de Formosa transformada en censura. Las radios fueron literalmente obligadas a emitir las publicidades oficiales festejando la instalación de la planta de procesamiento de dióxido de uranio para centrales atómicas. Las emisoras que no lo hicieran automáticamente dejarían de recibir pautas oficiales. Sabido es que dichas pautas son, en la mayoría de los casos, el principal ingreso y sustento. Paralelamente y casi sin ningún aviso, se realizo en la ciudad de Formosa la tardía audiencia pública por la instalación de la empresa Dioxitek. La misma que a fuerza de lucha de ambientalista se ve obligada a dejar la ciudad de Córdoba dejando tras de sí un pasivo ambiental de más de 57 mil toneladas de residuos radioactivos y metales pesados entre los que se encuentra uranio, radio 226, radón 222, cobre, zinc y cromo. No sólo la ciudadanía y organizaciones se manifiestan en contra de este proyecto, el cual ya fue vetado en las provincias de Mendoza y La Rioja y localidades como Embalse Río tercero y Despeñaderos, sino también por la República del Paraguay debido a la extrema cercanía del lugar de montaje de la planta. El tema nuclear no sabe de fronteras y ante cualquier inconveniente sería este país una de las zonas afectadas.
Es incomprensible cómo se hará para ingresar y egresar los materiales radioactivos a Formosa tomando en cuenta que la vecina provincia de Chaco ha sido declarada por la ley Nº 3902 “zona no nuclear” prohibiendo expresamente dentro de su articulado” la prospección, circulación, procesamiento y almacenamiento o depósito de uranio o cualquier mineral radiactivo y de cualquier material susceptible de ser utilizado en el ciclo nuclear y de sus desechos radioactivos”. La empresa, con largo historial de accidentes y funcionamiento irresponsable, ingresó en el año 2006 un cargamento de uranio al puerto de Buenos Aires para ser trasladado en forma inconstitucional a través de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y otras jurisdicciones que prohíben el transporte nuclear por su territorio. ¿Hará lo mismo en esta oportunidad? ¿Seguirá el gobierno nacional avalando estos atropellos a la soberanía de cada provincia? Es una oportunidad de cerrar este emprendimiento como primer paso para ir desactivando la cara y peligrosa actividad nuclear. Los costos de generación son altísimos en comparación con el rendimiento energético y el grave pasivo ambiental al que nos exponemos. Argentina tiene todas las posibilidades de dejar atrás estas actividades altamente contaminantes y con fuerte rechazo social. Tenemos enormes posibilidades de reemplazar la generación nuclear por fuentes limpias y seguras de electricidad. Se debe tomar la iniciativa política de no seguir profundizando conflictos con más minería de uranio, más plantas nucleares y más residuos radiactivos.


































