Promesas de efectividad y diligencia que logran convencernos hasta que la cruda realidad nos “despierta”. Cuando uno, ya con algunos añitos encima, bombardeado de consejos, decide aceptar la idea de confiar en la comodidad de la tecnología, advierte con tristeza que lo que “natura non da, Salamanca non presta”. El hecho es que mi hija necesita su partida de nacimiento, la solicitó vía on line, llegó en tiempo y forma, pero equivocado el DNI de mi esposo. Vale aclarar que en el 2004 gestionamos la corrección del documento por lo ya citado y porque la titular figuraba con cinco números en lugar de ocho como correspondía. Para más datos, el Archivo Departamental Rosario comunicaba con fecha 31/08/2004 que, por resolución de la Dirección General del Registro Civil de la Provincia de Santa Fe, se rectificaba el acta en el sentido correcto. La hoja de solicitud detalla lo suministrado por el interesado y, al final, el texto que transcribo: “Le comunicamos que la información correspondiente a la partida corresponde a los datos que existen en los archivos digitales del Registro Civil”. A casi 10 años nadie tomó nota del cambio. Felizmente guardamos fotocopia de lo actuado. La pregunta es: ¿a quién le toca resolver la cuestión? La página oficial no incluye reclamos y salta a la vista que deberá realizar personalmente el trámite que intentó obviar por razones de trabajo. Es factible que además de horas de espera deba abonar nuevamente el sellado, los servicios y la distribución. Esto sería lo de menos, pero el despliegue de arbitrariedades, la falta de comunicación y sobre todo de responsabilidad entre quienes tienen a su cargo el registro de las personas es un tema delicado que nos tiene que preocupar a todos.




























