"Acá llovió plomo". Así sintetizó una mujer de barrio Las Flores la balacera que
se desató la madrugada del jueves sobre dos colectivos de la barra brava de Newell’s Old Boys
y que terminó con un chico de 14 años muerto. Esos dichos fueron refrendados ayer por dos
sobrevivientes de la emboscada que sufrió la barra. "Nos agarraron cuando estábamos haciendo el
trasbordo de un colectivo a otro. Lo primero que vi fue el destello de la ráfaga de una
ametralladora y después fue todo plomo", comentó uno de los hinchas que iba en el micro agredido.
"Algunos alcanzaron a subirse, pero unos 30 muchachos se desbandaron, cruzaron la autopista y
huyeron hacia el campo", explicó.
Se la veían venir.Un par de hinchas que estuvieron en la escena de los hechos
hablaron con La Capital bajo un estricto pedido de anonimato. Dijeron que durante toda la semana
previa al viaje habían escuchado un secreto a gritos: "Los van a cagar a tiros en Las Flores". Y
manifestaron que no era la primera vez que se escuchaba ese rumor. "También se dijo que el Pimpi
(Camino) iba a copar la tribuna durante los amistosos, en el partido por la Copa Libertadores y
contra Independiente. Y que también podía darse en la cancha de Huracán", explicó uno de los
hinchas.
Los jóvenes relataron que regresaban a Rosario en un micro de El Cóndor del Sur.
Que el viaje a Parque Patricios les costó unos 80 pesos con la entrada incluida y que ellos viajan
siempre, pero que no son barrabravas. Tienen entre 20 y 25 años y dicen no contar con antecedentes
policiales.
Lluvia de balas. "Veníamos mirando películas cuando antes de pasar el puente
sobre el Saladillo se reventaron las dos cubiertas del lado derecho del primer eje trasero",
comentó uno de los muchachos. "El chofer controló el coche unos 600 metros y estacionó a la altura
del barrio Las Flores. Ahí estuvimos una media hora. Llovía sostenido y estaba muy oscuro. Hacia
afuera no se veía nada", indicó. Los muchachos coincidieron en que a los pocos minutos, detrás del
micro se detuvo otro colectivo con hinchas que se quedaron a "hacer el aguante". Muy pocos bajaron
de los vehículos. A la media hora llegó un colectivo amarillo que había trasladado a un grupo de
hinchas a Villa Gobernador Gálvez y que regresó vacío para poder hacer el trasbordo desde el micro
averiado.
Los tres colectivos quedaron estacionados sobre la banquina, con el barrio Las
Flores como postal. Adelante quedó el colectivo amarillo y en el medio El Cóndor del Sur. "Cuando
nos bajamos y nos amontonamos para subir al colectivo amarillo empezaron los tiros", explicó uno de
los hinchas. "Estaba parado en la parte trasera del micro El Cóndor y vi el fogonazo de una ráfaga
de disparos. Venían de un lugar entre el zanjón paralelo a la autopista y los ranchos. Lo primero
fue una ráfaga, después siguieron disparos de pistola. Fue una locura. Nadie sabía adonde correr",
recordó.
Este testimonio coincide por lo relatado por Matías G., de 27 años, en la
edición de ayer de Rosario/12: "El micro (amarillo) se acomodó adelante y nosotros comenzamos a
descender del coche roto para subirnos al otro. No paraba de llover y no se veía nada. Estaba
esperando que bajen algunos para ponerme en la fila cuando de repente escuché un estruendo
impresionante. Eran tiros, tiros y más tiros, parecían que salían todas las balas juntas". A partir
de entonces el lugar se convirtió en un pandemonium donde imperaron disparos de pistola, ráfagas de
pistola ametralladora y gritos desesperados.
Lo peor. Según los hinchas, sobre el micro amarillo se concentró el fuerte del
ataque. A ese colectivo alcanzó a subir Walter Cáceres, el chico de 14 años que recibió tres
balazos mortales en el cráneo y uno en la zona lumbar cuando estaba en la escalerilla del micro.
"El chofer del colectivo amarillo no esperó un minuto más y arrancó. Nos fuimos tocando bocina por
Oroño hasta Pellegrini y de ahí hasta el Heca porque el pibe sangraba mucho. Los médicos del
hospital tenían miedo y no quisieron atender a Walter en el colectivo. Fuimos a buscar una camilla,
lo bajamos y lo metimos en el hospital. Cruzamos la ciudad haciendo todo el ruido y no nos cruzamos
con ningún patrullero que nos asistiera", relató Juan a Rosario/12.
Escape a medias.Cuando el colectivo amarillo abandonó el lugar de la emboscada,
el poder de fuego se centró sobre el coche de El Cóndor. Como pudo, el chofer también emprendió la
marcha con dos ruedas reventadas. "Sobre el colectivo quedamos unos diez. El chofer fue por Oroño
hasta Lamadrid. Ibamos a dos por hora y nos siguieron cueteando. En Lamadrid nos levantó otro
colectivo que traía hinchas y de ahí cada uno se fue a su casa", recordó un hincha.
Todos los relatos coinciden además de los datos puntuales en el temor, la
desesperación y el sentimiento de haber quedado en manos de Dios. También expresan miedo de ir a
denunciar lo ocurrido a la subcomisaría 19ª, "porque la tienen comprada", como explicó uno de los
muchachos sin especificar a quién se refería.