Me considero una observadora de la realidad y me gustaría ver solamente cosas lindas. Pero me fui de vacaciones a la costa. Amado mar que nos recibe una vez al año, que nos cuesta ahorros y distancia. Llegar al mar, a Villa Gesell tras pagar bien un lugar cerca del agua, para ir y venir varias veces a la playa, multiplicar las visiones y los sonidos. De las visiones quiero hablar. Del camino al mar, dos cuadras en las que encontrás basura acumulada, moscas revoloteando en los basureros, basura rota, desborde por acumulación, rotura de bolsas por animales abandonados, Divina imagen, conocida en lo local y extendida a un lugar de vacaciones. El césped de los lugares públicos sin cuidar, y así reciben. Pregunté quién era intendente y por supuesto ya está catapultado a un cargo más alto, en un ministerio. El reemplazante: cero en gestión y como anfitrión. En tanto, en el departamento funcionaba una sola hornalla, los cajones no se abrían, los colchones eran colchonetas y los placares tenían olor a humedad. Ni hablar de los precios en los comedores de playas. Eso sí, había dos policías por cuadra, trabajando doce horas, según ellos. Voy a buscar otro destino el próximo verano, pero no Villa Gesell porque estaba igual de sucio. No nos respetan ni esperan. Es como llegar a tu casa y que te cierren la puerta.






























