Hace unos días leí en un periódico del barrio “Partidos se comprometen a no ensuciar con afiches” y la bajada explicitaba que los partidos políticos se comprometían a pegar sus afiches en las zonas estipuladas para tal fin. Esta iniciativa, según marcaba la nota, era muy bien recibida en el Concejo y en la Asociación Amigos del Parque Independencia. Hasta aquí, todo celebrable, pero ¿deberemos formar la Asociación Amigos de Rosario para que alguien, autoridades, concejales, presidentes de los dos clubes más grandes de la ciudad, se comprometan a parar y reparar las horribles pintadas que realizan con los colores de sus clubes? Recuerdo aquí a Kant cuando hablando de ética daba una solución muy sencilla: ¿qué pasaría si ese comportamiento, presumiblemente antiético, se generalizara? Imaginemos la ciudad y sus frentes y veredas todas chorreadas de pintura de colores chillones, con las expresiones de todos los deportes, conjuntos musicales de nuestros amores, libros preferidos o recetas de cocina exitosas, entre otros? Esto que sucede y que nadie para es un atropello al buen gusto urbano, a la libertad de visión y al derecho a una ciudad de todos. ¿Quién paga a estos desprolijos pintores furtivos? ¿Por qué no utilizan zonas prefijadas en sus propios frentes? Los espacios, en la consideración pública, se ganan jugando bien al fútbol, no prepoteando con colores.






























