El pasado martes leí con asombro la discusión entre el gobernador Daniel Scioli y un intendente bonaerense. El tema era si las drogas o el alcoholismo, como generadores de violencia, son "en la pre, en el intra o en la post salida de las discos". Con liviandad de criterios, analizaban si se acortaban los tiempos de funcionamiento de esos lugares.La toma de las parcialidades sobre los desvíos sociales son puestas por sobre el todo condicionante de tales desvíos, ya que la sed que el "moto perpetuo" produce incita a beber, amén de los estímulos lumínicos y sonoros de la música a intensidades lesivas para la retina y la audición, sin poder asegurar o negar la incorporación de algunos "estimulantes", capaces de hacer perder todo juicio crítico, con trastornos evidentes del comportamiento bajo esas condiciones. Ni qué hablar del estado de conciencia, con algo de racionalidad con el cual salen a la calle en el post disquería. No cabe duda de que está de por medio la mayor ganancia que se produce con ese estado de los jóvenes, donde no existe el freno a la ingesta, por algunos patrones muchas veces incorporados desde la familia, cuando ésta ha tenido tiempo de formar y contribuir al crecimiento integral de los hijos. También le cabe un grado de responsabilidad al Estado (nacional, provincial o municipal), que no llega a tener en cuenta que la diversión sana contribuye al crecimiento de la sociedad desde la temprana edad de la juventud. Nadie queda excluido de las responsabilidades en la conformación del carácter de una sociedad. Todos somos responsables, aunque dichas responsabilidades tengan diferentes grados de compromiso. Nunca debemos olvidar que las relaciones humanas se dan mediante la comunicación entre las personas, para lo cual se debe tener cierta lucidez para manejar patrones conductuales.




























