De chico, y luego de joven, era yo bastante impaciente. Mi padre, Don Hilarión, no se cansó nunca de repetirme que no me preocupara tanto y tuviera paciencia, porque no debía olvidar que provenía de una familia de longevos y por lo tanto sólo debíamos sentarnos a esperar para "ver pasar el cadáver de nuestros enemigos". "Recuerde, hijo, que su tatarabuelo murió a los 110 años… de una rodada de caballo en un rodeo de hacienda". Bueno, en realidad en esta ocasión no he debido esperar tanto. Sólo poco más de una semana. Me explico. Lo que sigue está dedicado a los defensores de los Grassi y de los Storni. En Italia, país católico si los hay, acaba de descubrirse una organización paidófila en un instituto dependiente de la Curia Vaticana y de la Santa Sede. Se trata del Instituto Antonio Provolo de Verona, tenido como un ejemplo de la caridad de la Iglesia Católica, dedicado a los niños pobres y de familias campesinas con problemas de sordera y habla. Cerca de 70 alumnos del citado instituto veronés han presentado denuncias contra 25 sacerdotes entre los cuales se destaca la figura del obispo Giuseppe Carraro, ya fallecido y en vías de beatificación. Los afectados destacan que intentaron vanamente, durante años, ser oídos por la Curia. Algunas de las declaraciones ponen los pelos de punta: "Dos curas del Provolo me llevaron al palacio episcopal y me dejaron a solas con él (el obispo Carraro). Era 1959. Yo tenía 11 años. Me sodomizó e intentó otros juegos sexuales. Fue una experiencia terrible". Los testimonios detallan decenas de casos de sodomía, masturbaciones forzadas, a solas y en grupo, golpes, vejaciones y amenazas. Un infierno de proporciones espantosas que duró al menos 30 años y ahora se abate sobre la Curia y la Santa Sede, responsable directa de la congregación, todavía hoy al frente del centro. Como es de rigor, la Iglesia niega todo y acusa a los sordomudos de "alucinación" y "vendetta".
































