Durante la tormenta del pasado lunes cayó sobre mi casa una pesada columna de hierro de la EPE. Hace diez años que reclamo por su deterioro, ya que su instalación data de 1920, aproximadamente. La misma tenía uno de sus cables con 220 voltos y dentro de mi casa cinco centímetros de agua, al desbordarse los desagües. Podríamos haber muerto electrocutados los cuatro integrantes de mi familia. Pero a la EPE no le importó. Después de cientos de reclamos del vecindario, el domingo a la tarde hicieron un arreglo provisorio, apuntalándola con dos palos. Pero anteayer, con la lluvia intensa, los palos se descalzaron, se rajaron y la columna se inclinó peligrosamente. Fue necesario que gritara e insultara hasta enmudecer para que la EPE mandara una camioneta, que vio _como otras tantas veces_ la gravedad del problema y prometió la inmediata solución. Pero la columna sigue peligrosamente en las mismas condiciones. Diez años de reclamo y ninguna respuesta.




























