Respetado Papa Benedicto XVI: su posición cada vez más ultraortodoxa no hace otra cosa que decepcionar a los fieles seguidores de Cristo, esperanzados en la misericordia, el abrazo y el perdón del Nazareno. Volver a monseñor Lefebvre es blasfemo. Reivindicar aquello que Juan Pablo II había excomulgado, es traición. Como católico apostólico romano espero que su sucesor cambie rápidamente estas erróneas medidas y nos presente la verdadera Iglesia de Jesús y María. Con los debidos respetos; le escribe un parroquiano que sufre estas nuevas y viejas intenciones. Dios lo bendiga e ilumine, para que con esa luz, salga de la oscuridad. Cuídese, cuídenos y salve a la Iglesia de semejante atrocidad.
































