Hoy en día no es una garantía de buena lectura, como antaño, comprar toda la producción de un escritor premiado. El boom de ventas que debe significar es tan alucinante que las traducciones a todos los idiomas están en las librerías al poco tiempo del anuncio. Es posible que la puesta en venta acumule el total de la obra y que a posteriori, como rastro de su avidez los editores exigirán poner en letra de molde libros menores, apuntes, cartas y memorias. Pero el escritor debiera tener la prudencia de no permitir que en la contratapa de todos sus ejemplares, los merecedores de la distinción y el resto de su producción accesoria, se inscriban loas bajo firma de críticos elogiando exageradamente algunas obras que no pueden resistir la lectura más allá de sus dos o tres primeros capítulos. No voy a abusar del poder de crítica sobre los autores, pero sí, solicitar de ellos la benevolencia de retirar de contratapa los comentarios de prensa superlativos que no respondan auténticamente a las excelsas calificaciones que recomiendan la lectura.






























