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“No pido aplausos ni revoleo ponchos, toco para entregar”, destacó Raúl Barboza

El acordeonista argentino instalado en París, llega a Rosario para interpretar su más reciente repertorio y clásicos de la música popular, hoy a las 21.30 en Plataforma Lavardén. 

Sábado 14 de Marzo de 2015

Raúl Barboza transita el camino del folclore al ritmo de los acordes que brotan de su alma. El acordeonista argentino instalado en París, llega a Rosario junto a su trío -Nardo González en guitarra y Roy Valenzuela en contrabajo- para interpretar su más reciente repertorio y clásicos de la música popular, hoy a las 21.30 en Plataforma Lavardén (Mendoza y Sarmiento).    

Grabó más de 30 álbumes originales y participó en 9 películas. Difundió e hizo populares varias canciones incorporadas al cancionero popular de la música litoraleña como su versión de “Merceditas”. Desde 1987 se instaló en Francia donde difundió por primera vez el chamamé, convirtiéndose en un referente de la música litoraleña en Europa. Precisamente por ese desafío y búsqueda constante, Barboza acaba de recibir en París, por tercera vez en su trayectoria, Le Gran Prix du Disque de l’Académie Charles Cros en la categoría Musiques Du Monde, por el disco “Chamamé musette” donde la música criolla convive con la de tradición francesa.

   Barboza supo llevar las raíces folclóricas al viejo continente, pero sin olvidar su país de origen, que visita al menos dos veces por año. “Queremos que cuando la gente salga de nuestro show se vaya feliz de escuchar música hecha desde el corazón y el alma. Mi deseo es que cuando lleguen a la casa digan: “Qué lindo que tocaron”, más que “qué bien que tocaron”, destacó Barboza dejando en claro cómo su filosofía de vida es plasmada en sus shows.

   El programa será ecléctico ya que el acordeonista contó que “hay un repertorio nuevo que compongo desde hace 30 años hasta la fecha, y por otro lado, los temas que existen desde hace unos 60 años, los llamados tradicionales, que fueron compuestos por los maestros Ernesto Montiel, Damasio Esquivel y mi padre Adolfo, por ejemplo”.
  
Autodidacta. “Yo soy nacido en el 38 y conocí al cuarteto Santa Ana con Montiel en 1947 cuando tenía 9 años. Aprendí de todos ellos a tocar, como seguramente ellos aprendieron de sus ancestros. Ellos son todos músicos autodidactas, como yo. Nunca fui a aprender a una escuela de música, ni de folclore ni de bandoneón. Yo aprendí solito y lo sigo haciendo. por ahí pido ideas a mis compañeros que han pasado por escuelas de música”, contó.

   Precisamente, el músico tiene una manera particular de grabar sus discos y de tocar en vivo: es fan de la “creación espontánea” y de la trasmisión oral. “Ahora estamos grabando un disco nuevo con transmisión oral, no hay un sólo papel escrito, como he grabado toda mi vida, sin ninguna partitura. Lo que hace que, cuando subimos al escenario, el trabajo sea el mismo; es decir, trabajamos en base a creación espontánea, quiere decir, que puedo tocar “Merceditas” o “Kilómetro 11” hoy, y mañana toco los mismos temas y son totalmente diferentes, incluso en tonalidades diferentes. Eso es lo que hacen los músicos de jazz, y por esa misma razón es que yo, tocando chamamé, he ido a tocar a festivales de jazz muy importantes como el Festival de Jazz de Montreux en Suiza, el de Montreal, en Canadá y el Festival de Música del Mundo con Peter Gabriel. Eso se da porque para ellos, yo soy un músico con espíritu de creación espontánea”, subrayó Barboza y destacó que si bien es algo que “se critica mucho en Argentina, a mí no me importa mucho tampoco”.

   Después de 70 años de tocar, el músico recibió numerosos premios entre ellos, el caballero de las artes y de las letras en Europa. “Me siento muy tranquilo de tocar como a mí me gusta, como yo lo siento y no como no me gusta para ganar dinero. Yo tuve que viajar a otros lugares para no caer en la idea de hacer música comercial. Tanto ahora en el 2015, como en 1947, sigo tocando con mis ideas musicales que se acercan al jazz, a la música tradicional de mis ancestros guaraníes o los mapuches o alguna otra comunidad aborigen. Tengo menos dificultades en el exterior que en este hermoso y adorado país al que amo, por eso vengo varias veces por año”, dijo.

    El artista, que ya es un consagrado referente de la música litoraleña en Europa, destacó que en Argentina no hay escuelas de música que enseñen folclore, pero que desde su lugar intenta que se difunda en los lares más recónditos. “Yo no puedo hacer mucho, sólo intentar que todo el mundo ame el chamamé. Con casi ochenta años puedo cambiar de continente, de comida, de lengua y de idiosincracia para seguir tocando. Le agradezco a la vida que me haya dado todo esto. Por eso yo subo al escenario con toda la potencia que me da todavía la vida, a entregar. No pido aplausos ni revoleo ponchos, simplemente toco para entregar. Y si la gente aplaude es que le gustó y si aplaude poco es que no les gustó mucho. Pero no por eso voy a intentar que me aplaudan”, concluyó.

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