Para no morir en las rutas hay una simple ecuación que permite considerar cuál es el modo de transporte que el ciudadano puede elegir para trasladarse de un lugar a otro. Es sabido que nuestro país no cuenta con muy buenas rutas y la densidad vehicular supera la posibilidad de su contención, creando congestión, saturación, polución y ruido. Todo ello, sumado a la falta de responsabilidad de algunos conductores y unas no muy prolijas señales de protección, hacen que se produzcan accidentes con pérdidas de vidas humanas y numerosos heridos que culminan con cuantiosos padecimientos económicos no sólo a particulares sino al propio Estado. Una manera de evitar morir en las rutas es adoptando un sistema de transporte benigno, como ser el ferroviario, que no solo es más seguro sino más económico y menos contaminante. Un tren de 700 toneladas de peso transporta 1.000 pasajeros. Para igual cantidad de personas se necesitan 18 colectivos de 56 plazas o 250 automóviles de cuatro plazas. Un coche de ferrocarril clase turista posee 103 asientos; para igualarlo se requieren dos colectivos o 25 automóviles. La seguridad que brinda el ferrocarril como modo de transporte masivo desde el punto de vista de la posibilidad de reducción de las casi 11.000 muertes al año que se producen en las rutas argentinas, debe ser la principal variable que las autoridades tienen que tener en cuenta para no demorar la decisión política de restaurar en forma urgente el modo de transporte ferroviario en todo el país.
































