Si alguien elige estudiar medicina y trabajar en salud pública ya despierta cierta curiosidad. Si además se mete de lleno en la tarea y va descubriendo que se pueden hacer las cosas mejor se va iluminando. Si entonces comparte esta inquietud y la contagia; si encima advierte que hay maneras colectivas de pelear para hacer las cosas mejor; si se implica casi sin medida y se juega a cada paso por esa idea; si logra despertar conciencia a su alrededor; si no abandona el pensamiento crítico para con su práctica; si se sigue preguntando a sí mismo e interpelando a los responsables de que las cosas en la salud pública no se hagan mejor; si propone y hace junto a los demás manteniendo la coherencia entre pensamiento y acción; si además lo que hace lo hace con firmeza, con energía y hasta con humor: ese ser no muere. Tampoco se convierte en héroe ni en prócer, es y será siempre Gerardo, Gerardo García, el gran compañero de ruta de quienes compartimos desde la tarea y la lucha sus días luminosos.






























