Todo empezó hace más de 30 años, cuando conocidos directores y fotógrafos de primera línea se quedaron fascinados por la presentación ante cámaras de una jovencísima Nastassja Kinski. La hija del “rebelde” del cine alemán, el actor Klaus Kinski, cumplirá 50 años mañana.
Su carrera, en realidad, había empezado tres años antes. Nastassja apareció en una escena de la serie de televisión alemana “Tatort: Reifezeugnis” en 1977 y causó sensación sobre todo con su imagen de “lolita”.
La actriz nació en Berlín, pero vive desde hace años en Los Angeles. Es madre de tres hijos y se deja fotografiar regularmente en festivales de cine y actos benéficos. Todavía se la puede ver ante las cámaras, aunque ahora principalmente en producciones para televisión, pues hace ya mucho que no interpreta grandes papeles como los de antaño.
A punto estuvo de salir en “Malditos bastardos”, la revisión satírica de la Segunda Guerra Mundial de Quentin Tarantino, contó entonces la revista “Variety”. Pero al final el papel fue para Diane Kruger. La película se convirtió en éxito de taquilla y el actor austríaco Christoph Waltz se llevó un Oscar.
La carrera de Kinski empezó de forma prometedora. Wim Wenders la descubrió a los 13 años para su película “Falso movimiento” (“Falsche bewegung”) de 1974, con guión del dramaturgo Peter Handke, donde hizo de chica muda.
Después de su aparición en la televisión en 1977, todo el mundo quería rodar con la belleza rubia. Con Marcello Mastroianni grabó la “Así como eres” (“Così come sei”), 1979. Después llegó Roman Polanski con su drama de época “Tess”, del mismo año, y Francis Ford Coppola con “Corazonada” (“One from the Heart”), 1982.
En el thriller erótico de Paul Schraders “El beso de la pantera” (“Cat People”), de 1982, Kinski se transformó en felino y colmó los deseos de todo el público; mientras que en la cinta de Peter Schamonis, “Sinfonía de primavera” (Frühlingssinfonie), 1983, interpretó a la pianista enamorada de Robert Schumann, Clara Wieck.
A pesar de que ninguna de esas películas fue un éxito de taquilla, el encanto de Kinski no vino a menos. Para la prensa estadounidense no había palabra suficientemente elogiosa, la compararon con Ingrid Bergman, con la Garbo o con Audrey Hepburn. Algunos semanarios vieron el secreto de su éxito en la “mezcla de sex-appeal, inteligencia y misticismo femenino”.
Kinski llegó incluso a dejarse fotografiar completamente desnuda por la gran estrella de la fotografía Richard Avedon, que le colocó una serpiente pitón encima. Era el momento en el que estaba en todas las portadas y titulares. Sin embargo, probablemente uno de sus mejores y más celebrados papeles lo interpretó en la película de Wenders “París-Texas”, de 1984.
Entonces, en el punto más alto de su carrera, trajo a su primer hijo al mundo. Aljosha nació en Roma y Kinski se casó poco después en Nueva York con el productor egipcio Ibrahim Moussa, de 40 años. “Ahora mi familia es lo primero”, dijo entonces.
La pareja tuvo una niña dos años después y se separaron en 1992. Kinski obtuvo la custodia de los dos hijos y volvió a descubrir el amor al conocer a Quincy Jones, el famoso productor de música, bastante mayor que ella. Seis años pasó la actriz al lado de Jones, con el que tuvo una tercera hija ahora de 17 años.




























