La paciencia, esa virtud no siempre fácil de ejercer, se volvió a quebrar en el Congreso. Una jornada (anteayer) que debió terminar en serena celebración finalizó con los diputados opositores, y también con los oficialistas, con los nervios de punta. El voto a los 16, una ampliación histórica de derechos, se convirtió en ley, aunque la furia de celos opositora, y una chicana algo vulgar y de baja productividad política —del diputado oficialista Andrés Larroque— terminaron por oscurecer el respaldo a la ley que, hasta 15 minutos antes de la votación, tenía asegurados unos 145 votos.
Pero luego, con el retiro de toda la oposición, quedó para siempre en la historia aprobada por el oficialismo y sus aliados directos con 131 votos. Apenas dos votos por encima del mínimo necesario (129).
En una sesión donde todos quisieron hablar —se anotaron 102 oradores—, aun con inevitables reiteraciones, la reunión se encaminaba sin mayores sobresaltos a culminar apenas pasada la medianoche. Pero apareció el Cuervo Larroque y, con su acusación de "narcosocialismo", le metió un picotazo mortal al partido de la rosa, en especial a los santafesinos, que entraron en estado de ira. Y fue entendible.
Luego, la ira socialista, y de toda la oposición, rápidamente mutó en otra cosa. Con la excusa de la humillación insoportable, los bloques opositores se retiraron del recinto no tanto por el "enojo" —¿dónde se ha visto que las palabras de un diputado, por más ofensivas que sean, deriven en que los ofendidos abandonen la sesión?—, se fueron porque alumbró una especulación política: provocar la caída de la sesión por falta de quórum. Pero la operación política fracasó.
La probada pericia y disciplina del kirchnerismo y de su jefe de bloque, Agustín Rossi, lograron en pocos minutos sentar en sus bancas a no menos de una veintena de diputados que a esa hora estaban en la "zona", aunque no en sus bancas. El oficialismo estiró el momento con un discurso que improvisó el diputado Mario Oporto hasta que obtuvo el quórum. Entonces, recién, fue por la votación, y cantó victoria.
Expresar nuestras ideas. "Nosotros tenemos derecho a expresar nuestras ideas", dijo Agustín Rossi en el discurso final de cierre, cuando medio recinto ya estaba vacío. Y agregó, "siempre se van, abandonaron para la votación de la ley de medios, se fueron en la votación del traspaso de fondos judiciales al Banco Nación", ejemplificó.
La sesión quedará en la historia porque amplía un derecho sustancial a los jóvenes de 16 y 17 años. Aunque nunca será olvidada, por otras razones, por los diputados Juan Carlos Zabalza y Alicia Ciciliani. Los socialistas de Rosario literalmente enloquecieron cuando Larroque les espetó: "He leído sobre el socialismo utópico, he leído sobre el socialismo científico, he leído sobre el socialismo real, pero nunca escuché en la historia, en ninguna parte, sobre el narcosocialismo".
A los gritos. Ciciliani y Zabalza, a los gritos, se levantaron de sus bancas. Ciciliani juntó papeles y carpetas con su brazo derecho, mientras con su brazo izquierdo arengaba a la retirada. Zabalza, en estado de furia, en medio de una hoguera de gritos y con Larroque que continuaba hablando, se lanzó por las escaleras hasta plantarse frente a Julián Domínguez, que presidía la sesión.
Sacado y a los gritos, Zabalza pedía hablar. Pero ya no fue posible. El desbande estaba en marcha.
Antes del escándalo hubo una larga sesión donde todo fluyó sin trabas para el Frente para la Victoria, que administró su mayoría. El desbande final que protagonizó la oposición, al cabo, estuvo latente en los bloques anti-K durante todo el proceso previo a la sanción de la ley. El voto joven, antes de la retirada en masa opositora, había —otra vez— fracturado a los bloques, en especial a la UCR y el FAP.
El radicalismo se aprestaba a votar de tres modos distintos: positivo, negativo y abstención. El FAP, por su parte, y a pesar de los recientes pedidos del jefe político de ese frente, Hermes Binner, también hubiera votado dividido ayer: El PS y otros aliados se manifestaron por la abstención, mientras que los diputados Víctor de Gennaro y Claudio Lozano del grupo Unidad Popular (entre otros), anunciaron un voto favorable que no llegó a concretarse por el abandono de la sesión.