¿Cual habrá sido su último pensamiento al recibir el pinchazo de la anestesia que habría de sumergirla, desde el quirófano, al fondo de la nada? Ese estado, que abrevia en segundos, el duro trajinar de bisturíes, gasas y tijeras que manos expertas transitan por nuestra humanidad, cuando el cuerpo recurre al auxilio de la ciencia. ¿Cuál habrá sido su última imagen?, ¿la de sus seres queridos?, ¿alguna tarea pendiente inherente a su función?, ¿o las desgarradoras postales, que días atrás la convirtieron, como a casi todos nosotros, en seres antes y después de la tragedia? Estoy hablando de Mónica, esa mujer, que por donde se la mire responde a los cánones de una persona común. Lejos de los devaneos filosóficos digo "común" en un sentido simplista. Ella es una mujer "común y corriente" por su parecido a la mayoría de sus representados. Esta apreciación, lejos de menoscabar la responsabilidad que carga sobre sus hombros, pretende por el contrario ubicarla por su investidura en un contexto de cercanía con la gente. Insisto, "es común" desde su apariencia pero sobre todo por el trato simple y afable que demuestra en su desempeño cotidiano. El impacto de la tragedia vivida nos mostró esa faceta en grado extremo, cuando en medio del dolor generalizado, además de vestir su "ropa" de intendente, manifestó sus emociones como nunca antes se había visto en funcionario alguno. En su rostro desencajado se hicieron visibles los signos de un dolor que sólo las mujeres sensibles son capaces de transmitir. Durante esos días interminables nunca vislumbró una postura premeditada, nunca se expresó con frases hechas y acomodadas a las circunstancias, nunca hizo uso de la sobreactuación, tan frecuente e innecesaria, a la que habitualmente recurren funcionarios en circunstancias aún menos dramáticas. Solo vimos la mirada doliente y serena a la vez de una mujer impotente desgarrada por tanto horror. Así como mi corazón se estremece y acompaña el dolor sin límites de aquellos a los que la impericia, la irresponsabilidad o el destino les arrancó de cuajo y para siempre lo más preciado, hoy quiero hablar de esta mujer a la que le tocó, en una ciudad con 300 años de historia, ponerle el cuerpo a su página más oscura. Ojalá que Mónica se recupere pronto. Seguramente la evolución de su dolencia será satisfactoria y la cicatriz de su cirugía sanará en pocos días. Le deseo que durante este obligado reposo, acompañada por sus afectos más cercanos, encuentre el sosiego y la paz que al igual que todos los rosarinos necesitamos para aliviar las heridas más profundas.

































