El rotundo triunfo de Angela Merkel en las elecciones en Alemania no sólo se debe a la austera política de Estado, donde los alemanes son concientes que para continuar el alto desarrollo del país hace falta mantener un riguroso plan de austeridad, sin subsidios, ni planes trabajar, planes de vacaciones y otras series de planes para vagar. Pero los alemanes también la votaron por ser una gran mujer, (jefa de uno de los cuatro países más importantes del mundo) humilde, austera, dialoguista y para mayores datos: vive en el mismo departamento que tenía desde hace ocho años cuando asumió, va al supermercado hacer las compras y hace cola frente al cajero, se cocina su propia comida, no tiene cuentas en Suiza, ni propiedades suntuosas, las pocas son las misma que tenía antes de asumir, es austera con su entorno, por eso no tiene amigotes empresarios multimillonarios y no sabe lo que son bóvedas privadas. Además de compartir con los políticos opositores es muy respectuosa de las instituciones y con la justicia, dialoga con la prensa, no usa la cadena nacional para charlatanear frente a un gran número de apludidores, bufones y obsecuentes. Angela Merkel, una gran estadista y primera ministro y una gran mujer, cualquier diferencia con presidentas de otros países es pura coincidencia.






























