“Una buena parte de la criminalidad urbana común gira alrededor de regularidades que
responden a la estructura de mercado”, dice Alberto Binder en uno de sus textos de estudio.
“Lo que más nos debiera interesar, por eso, es el mercado que hace que una persona robe un
vehículo, el circuito de venta o de desguace en el que lo introduce, los intermediarios que traman
el robo de vehículos, el encubrimiento del desguace o la venta de lo robado, los transportistas,
los acopiadores, los financistas, los compradores, etcétera”.
Binder da el ejemplo para sostener que a una política criminal debe
interesarle el caso del robo de un auto y las personas que participan en tanto forman parte de esa
estructura de mercado a fin de obtener información detallada sobre su funcionamiento desbaratarlo.
El ladrón de autos, establece el especialista, no se mueve porque es “malo” sino porque
hay una estructura económica ilegal que incentiva su conducta ilícita.
Por eso Binder postula hace años un sistema integrado nacional de
información criminal para establecer políticas de persecución derivadas del estudio de los mercados
del delito. Por ejemplo, de los de compraventa de autos, pero también de metales, armas, ganado,
venenos y drogas, pornografía infantil, objetos y marcas falsificadas, mercado financiero y
servicios profesionales orientados al delito.































