Después de dos años en Nueva York, Josefina Scaglione regresó a Rosario por un tiempo breve. La cantante y actriz protagonizó En Broadway la nueva versión de “Amor sin barreras”, uno de los musicales más renombrados de Broadway.

Después de dos años en Nueva York, Josefina Scaglione regresó a Rosario por un tiempo breve. La cantante y actriz protagonizó En Broadway la nueva versión de “Amor sin barreras”, uno de los musicales más renombrados de Broadway.
Por ese trabajo obtuvo los premios Outer Critics Circle y el Theatre World Award y una nominación para el Tony. Sin embargo Scaglione sostuvo: “El día del último show, desde el elenco hasta el telonero y el sonidista brindaron conmigo. Todos se despidieron con mucho amor. Fue muy emocionante. Fue el día que me sentí más premiada. Porque al fin y al cabo es lo que te queda”.
—¿Broadway fue lo que esperabas?
—Yo fui preparada para eso. Estaba consciente de que iba a protagonizar un show en el primer mundo y en la meca del teatro que es Broadway. O sea que ni siquiera pensé. Me puse el chip y dije, a trabajar.
—¿Qué saldo sacás de la experiencia?
—Fue una experiencia increíble, muy enriquecedora en lo personal, en lo profesional y en lo espiritual porque fue una prueba y un desafío muy grande de tener los pies sobre la tierra, con sacrificios muy grandes y de una entrega total.
—¿Qué sentido le das a tener los pies sobre la tierra?
—Porque te subís a un tren que va a mil por hora. Es un ritmo muy agitado, de mucho estrés y muy demandante.
—¿Por qué dejaste la obra antes de que baje de cartel?
—No la terminé porque Actors’ Equity Association, la asociación de actores, es muy exigente y no permite que un rol protagónico esté interpretado por la misma persona más de determinado tiempo. Yo me sobrepasé. También era el momento de irme, mi contrato terminaba, se armaba lío con la visa. Los productores y el director estaban inquietos, escribieron cartas a Actores... pero estuvo bien, y realmente era el momento de irme porque fueron dos años. Yo estaba muy cansada. Quería terminar bien, no rota.
—¿Qué puertas te abrió esta experiencia?
—Sobre todo en el cine, en los musicales también, pero estoy un poquito en un impasse con los musicales porque fue una experiencia un poco demandante. Abrió posibilidades en Estados Unidos y acá también. Pero por ahora tengo proyectado quedarme un tiempo más allá. Aunque de todos modos si surge alguna propuesta de trabajo interesante acá la quiero considerar y quisiera trabajar en mi país, pero con base en Nueva York. Por lo menos este año y el que viene.
—¿Qué propuestas concretas tuviste?
—Para comedia musical en 2012, “Cuba libre”, y otras cositas que no puedo decir mucho, y para cine quedé en dos filmes independientes, que no pude hacer el año pasado porque la visa era exclusiva para “Amor sin barreras” y no me permitía hacer otras cosas. Así que si Dios quiere, este año que ya tengo una visa de trabajo independiente que no está relacionada al show, voy a poder hacer otros trabajos, de a poquito, con roles chiquitos. Hice muchas audiciones. Estás en el hervidero de todo. Hay que aprovecharlo y lo agradezco muchísimo.
—¿Harías televisión en la Argentina?
— Depende de lo que surja. La verdad es que soy bastante selectiva para las cosas que hago. Es mi carrera y la quiero cuidar. Entonces hay cosas que se a rajatabla que no haría y otras para las que estoy abierta. No soy muy fanática de la televisión. Nunca miré tele. No tengo cable hace cuatro años. De todos modos miro series que alquilo, y para el noticiero leo el diario o veo internet. También veo muchas películas.
—¿Hiciste audiciones para televisión en Nueva York?
—Estoy audicionando para algunas series, pero ahora está todo medio parado. Terminé el show y estoy acá. Siempre tengo ganas de trabajar. De hecho es mi problema porque soy un poco adicta a estar siempre trabajando y me costó llegar a Rosario y desenchufarme. Desde que volví a Rosario me llevó un tiempo relajarme y permitirme estar sin trabajar. Está bueno poder bajar un cambio.
—¿Cómo fue tu encuentro cara a cara con Arthur Laurents que te eligió vía internet?
—Tiene 93 años. Esta es la primera vez que el dirigió la obra. Es un ícono de la comedia musical. Escribió uno de los musicales más famosos y es una persona que sabe mucho. Yo tuve una relación muy linda y muy especial. De todos modos a veces es duro trabajar con él. No porque me haya tocado a mí, sino a compañeros muy cercanos a mi. Es un desafío trabajar con él.
—¿En qué sentido?
—Es una persona que viene de formas de trabajar a veces un poco exigentes o duras. Pero de todas maneras son estrategias de trabajo. Eso es todo. Algunos se las bancan y otros no. Yo gracias a Dios construí una relación muy buena con él y todo siempre lo hablamos muy claramente y aprendí muchísimo con él. Tiene un método de trabajo que a veces te choca, pero bueno. Tiene 93 años y es el primero que se levanta y el último que se va a dormir; sube las escaleras más rápido que yo. Es increíble.
—¿Hoy podés elegir?
—Sí. Gracias a Dios puedo hacerlo. Me muevo con mucha cautela en mi carrera porque la cuido y la amo y porque para mi se trata de arte. No quiero hacer cualquier cosa. No estoy desesperada por nada, pero no se me cae un anillo del dedo si tengo que trabajar de otra cosa. Pero gracias a Dios trabajo de lo que amo y puedo esperar un poquito y pelotearla. De hecho ahora tengo que aprender a bajar un cambio porque soy un poco obsesiva y me cuesta estar sin hacer nada.
—Fuiste al lugar indicado...
—Uy, sí, combinábamos bárbaro, pero igual fue una relación explosiva porque yo me exijo muchísimo a mí misma y me encontré en un lugar en el que me exigían el doble. Entonces no tenía oportunidad de calmarme (risas). Fueron dos años de muchísima exigencia personal y externa. El ritmo es muy demandante. Son ocho shows a la semana. Un día libre, durante dos años. No tenés tiempo de hacer otras cosas.
—¿Qué valor le das a los premios Outer Critics Circle y el Theatre World Award, además del Grammy a mejor álbum de comedia musical y la nominación al Tony?
—Los premios están buenos como antecedente y como currículum. Pero el gran premio para mí fue el cariño del elenco y los amigos. De verdad, el gran premio fue el último día; encontrarme con que hasta el telonero y el sonidista estaban brindando conmigo y despidiéndome con mucho amor. Fue muy emocionante. Fue el día que me sentí más premiada. Porque al fin y al cabo es lo que te queda.
—¿Volverías a montar tu carrera en Rosario?
—Siempre me encanta volver; estuve en los destacados de La Capital y fue muy lindo. Siento que la ciudad me recibió con mucho cariño y lo agradezco mucho. La carrera está afuera; el amor está acá, pero el amor todo lo puede.



